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Fantasias (1.5 En el salón de Anatomía)

1.5 El Salón de Anatomía

Cualquier duda, sugerencia o comentario pueden escribirme a leopoldo_relatos80@yahoo.com.mx y yo con gusto les responderé, además disfruto mucho recibir mails de mis lectores. Este es el quinto capítulo de la saga.

I
Nuestros encuentros sexuales se volvieron más extraños. Ya no sólo nos restringíamos a las cuatro paredes de nuestro salón de clase, pues al pasar los días nos encontrábamos detrás de unos estantes de la biblioteca, en los salones audiovisuales y hasta en los baños de la escuela. Siempre los tres, juntos, deseando nuestros cuerpos. Y fuimos felices disfrutando del sexo hasta un jueves en que estábamos en el salón de anatomía. Curiosamente en este salón hay sillas de menos, y los alumnos que no alcanzan una tienen que sentarse en el piso, que está recubierto con una alfombra nueva para evitar la incomodidad. Pues así es como empieza esta historia, porque yo tenía un lugar y Collado no. Santiago Mijares estaba sentado junto a mí. “Pinche Puta, tienes que cederme tu lugar para que tome asiento.” Sentí la mano firme de mi amo apretar mi muslo, lo que me dio confianza. “No, Collado, yo gané este lugar porque llegué al salón temprano. Tú fuiste el último en llegar y tienes que sentarte en el piso.” “¡Maldito imbécil! Me mereces respeto porque…”, gritó él, pero se vio interrumpido por Mijares, para evitar que nuestro secreto saliera a la luz enfrente de todos. “No te debe nada, Joaquín, mejor siéntate en el piso.” “O si no, ¿qué?”, lo retó Collado. “O si no te voy a reprobar por tu mala conducta.”, intervino el profesor para evitar problemas.

Cuando terminó la clase nos quedamos Santiago, Joaquín y yo en el salón de anatomía. Estaban muy enojados por lo que acababa de pasar. “¿Cómo se te ocurre actuar así en público? Nos pueden descubrir y entonces tendríamos que dejar nuestro pequeño club sexual.” “¡Cállate! Sabes muy bien que esta puta esta para obedecernos y complacernos. Para eso la sometiste y para eso la violamos todas las semanas.” “No”, dijo Santiago tomándome del pelo y acercándome a su pecho, aún con ropa. “Lo humillamos para recordarle quién tiene el poder, pero nunca le faltamos el respeto tal y como lo hiciste hoy.” “¿Y que piensas hacer conmigo? Correrme de tu club. Hazlo y hablaré.” “No, vamos a hacer algo más interesante. Vas a disculparte con él de una forma muy particular. Al suelo y lame los zapatos de mi puta. Vas a complacerlo.” “Sí, Santiago. Lo que tú digas.”, respondió el a regañadientes.

Mientras Collado obedecía a su nuevo amo, Santiago se concentró en quitarme la ropa. Me quitó el saco y la camisa, viendo mi pecho desnudo deslizó sus manos por mi pecho para darme un masaje. Me gustaba. Su lengua deslizándose por mi cuello me producía un placer indescriptible. Collado llevó su inquietud aún más lejos cuando me quitó los zapatos y los calcetines para besar mis pies. “Te quiero penetrar, amor.”, me susurró Santiago al tiempo que me empezaba a quitar el pantalón. Mi pene salto erecto.

Primero sentí uno de sus dedos entrar por mi culo. Cuando metió el segundo ya había reunido la suficiente autoridad para dar mi primera orden como amo. “Collado, quiero que tomes mi pene entre tus manos y te lo metas a la boca. Me chuparas hasta la bolas, hasta que te ahogues y no puedas más.” “Sí, amo”, respondió él, consumido por el enojo. Su boca caliente lo engulló todo como un perfecto putito, su lengua daba vueltas alrededor del cilindro de carne, y estaba tan perdido en el placer que no noté que Santiago ya tenía tres dedos en mi culo. Lo sacó. Me sentí huérfano, vació; y luego vino el golpe del placer. Su verga estaba dentro de mí, penetrándome como el amo debe penetrar su esclavo para reafirmar la autoridad que tiene sobre mi cuerpo.

Gemí él, gemía yo y la puta de Collado se humillaba cada vez más al correrme yo en su boca con la orden de mi amo de tragar todo lo que saliera de mi pene. Sabía que tenía que humillarlo más y vengarme de todo lo que me había hecho. Ideé un plan y le ordene que no sacara mi verga de su boca. Me oriné en él y no tuvo otra opción que tragarlo. Seguía órdenes.

Luego se corrió Santiago en mí, y sin dejar de penetrarme volvió a susurrarme algo al oído. “El otro día te vi con la inquietud de penetrar. Hoy es tu día porque te voy a enseñar como lo vas a hacer. Mira, lo primero que tienes hacer es ordenarle que se ponga en una posición que a ti te parezca cómoda para penetrar, no te molestes en la comodidad del penetrado. Es un esclavo que no vale nada. Luego tienes que relajar su culo para que no te duela cuando lo penetres, hay muchas maneras de hacerlo. Puedes ir introduciendo tus propios dedos con saliva o puedes lamer su culo.” “Me gusta el último”, dije yo. “Bien. ¡Collado, acuéstate sobre el escritorio! Ahora tienes que penetrarlo con tu lengua. Ven, vamos a hacerlo juntos.” Lo que hicimos a continuación fue increíble. Era como besar la lengua de mi amo, pero con un culo en medio. Lo estaba limpiando y me gustaba la sensación. “¿Te gusta comer mierda?”, dijo Collado “Me encanta”, insistí yo. “Entonces no esperes más, quiero que me penetres. Quiero que por primera vez en tu vida me demuestres que también puedes ser un hombre.”

No quería esperar más. Aparté a Santiago y a apunté la punta de mi pene hacia su culo para poder penetrarlo. Era como una flecha que carne que quería penetrarlo todo. “¡Empuja!”, gritó Santiago mientras empujaba mi pelvis para lograr la penetración. Su culo estaba apretadito y me daba cierto tipo de placer. Collado gimió de dolor y una lágrima se le salió. “Pinche puta, no sirves para nada. No lubricaste bien mi culo. Ya no aguanto el dolor.” “Pues que te sirva de lección para no maltratar a mi esclavo. Quiero que te calles y no ofendas a mi puta. Eres un maldito maricón y por eso me vas a dar placer a mí también”, dijo Santiago subiéndose al escritorio del profesor para sentarse en el pecho de la nueva puta. Tomó su verga nuevamente erecta y la introdujo en la boca de Joaquín. Por mi parte, yo estaba totalmente excitado. Gemía de placer. Mi pelvis chocaba con sus nalgas de acero. Mi pene entraba y salía. Poco a poco llegué a tal grado de excitación que me volví a correr. Llené sus entrañas de mi leche de puta. Lo saqué y me concentré en otra cosa mientras la mamada de Santiago y Joaquín terminaba. Decidí masturbarlo. Ahora sí Joaquín era follado por todos lados.

Cuando terminé me separé de ellos y Santiago se me unió. Collado, con órdenes de Mijares, me limpió la verga de su cagada. Luego fue ordenado vestirnos, pero él no tuvo esa opción. Desnudo, lo apoyamos contra la pared y lo nalgueamos por dar un mal servicio con su cuerpo. Al terminar nos fuimos del salón y lo dejamos ahí. Solo. Humillado.

Lo que en ese momento no pudimos adivinar es que alguien observó todo nuestro encuentro sexual con gran excitación y corrió a su oficina para masturbarse. Ya tenía un plan contra nosotros y sólo esperaba el momento para echarlo a andar.

II
Esa fue la última vez que vimos a Joaquín Collado. Ya tenía problemas con varios maestros y con el director de la escuela y lo corrieron de la escuela. Salió humillado y violado. Pronto sería remplazado por otro macho violento que trataba a todos como perras inmundas y sin derechos. Yo caí en sus garras.



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