Bellezas
Chicas 18+
Mujercitas
Mujeres 25+
Quiero papi
Estudiantes
Maduras 40+
Amas de casa
Abuelas
Viejas
Sexo 30 Seg.
Corridas
Numero rapido
Mamadas
Masturbaciones
Anal
Transexuales
Gay
Lesbianas
Chicas bisex
Negras
Asiaticas
1001 noche
Rusas
Modelos
Guarras
Enfermera
Sauna
Playa
Strip
Doctor
Maestra
Embarazada
Peludas
Tetonas
Gordas
Chocho caliente
Hardcore
Pechugona
A la española
Gemito
Rasuradas
Secretos
Chica gim
Ligueros
Amateur
Contactos Gay
Flirteo
Infieles
Domina
Fetiches
Meadas
Sadomaso
Bizarro
Culo roto
Latex
Extremo
Fisting
Esclava
Ninfomanas
Lenceria
La Vecina
Orgias
Vouyeur
Servicio completo
Contactos Madrid
Contactos Barcelona
Contactos Valencia
Contactos Malaga
Contactos Murcia
Contactos Zaragoza
Contactos Sevilla
Contactos Canarias
Contactos Bilbao
*Servicios prestados Sinergyne Global Communications SL, Apartado de correos 167, 17001 Girona. Le informamos que el precio máximo de la llamada es de 1.21 euros minuto desde red fija y de 1.57 euros minuto desde red movil, impuestos incluidos. Servicio para mayores de 18 años.
Verano del 96 (Tercer Relato)

Al caer la noche, mi hombre y yo nos despedimos de la joven con la promesa de encontrarnos más tarde para ir a cenar.

Cuando llegamos al departamento, él apenas alcanzó a cerrar la puerta. Estaba tan excitado que me suplicaba.
-Tenés que guardarte para después, amor – le dije.
-Tranquila chiquita que hay de sobra. Pero no puedo quedarme así, vos y tu amiguita me comieron la cabeza, sabes? Nunca me imaginé que esto podía llegar a sucederme...
-La verdad es que yo tampoco lo imaginé. Al principio me asusté un poquito...
-Por qué, amor?
-Cuando comencé a calentarme tanto con ella me dio un poco de miedo.
-Vamos, nena, estamos de vacaciones!
-Eso pensé. Estamos de vacaciones, así que a gozar.
-Hablando de gozar... – se acercó y me desprendió el corpiño del bikini.
-No, mejor no. Juntemos ganas para la noche. Además pensá en Sandra, pobrecita, que está sola en su hotel. No sería justo que nosotros lo hiciéramos sin ella.
-Si pienso en eso me caliento más! Por favor, por favor... – me miró con ojitos suplicantes.
-Vamos a ducharnos, así nos calmamos un poquito. Hazme caso, amor, te prometo una noche inolvidable. Protestando por lo bajo se metió en la ducha. Sinceramente yo también moría de ganas, pero el juego de aguantarnos me parecía de lo más excitante.

Puntualmente a las 21, los tres nos encontramos en el lugar pactado. Sandra tenía aún el cabello mojado, lacio y negro, cayendo hasta tocarle los hombros. Llevaba una solera de algodón por arriba de la rodilla, estampada en colores claros. Si bien no era lo que se dice una mujer linda, había algo en ella que la volvía irresistible. Cuando la vi, tomé real conciencia de cuanto la deseaba.
Yo me había puesto una pollera corta, de gasa, que se levantaba con la brisa; una remera blanca de hilo y el cabello recogido en una cola de caballo. Nos sentamos en un bar frente al mar, en una mesa ubicada en la vereda. Mi hombre, en el medio, se sentía el rey del mundo. Comimos algo y bebimos bastante cerveza. Las horas pasaron entre charlas, risas, confidencias y miradas cómplices. Cada tanto, Andrés ponía su mano en la rodilla de Sandra y en la mía, riendo, y nosotras acariciábamos la pierna de él.
- Necesito ir al baño- anunció ella, y se puso de pie trabajosamente.
-No, esperá. – le dije- Hay una promesa entre nosotras.
Los tres comenzamos la marcha.
Andrés siempre en el medio, nos tomó a ambas por la cintura.
-Falta mucho para llegar? – preguntó Sandra.
-Unas cinco cuadras- respondí.
-No sé si llego...
-Aguantá, dale! – le dije sonriendo.
Llegamos al edificio y esperamos en el hall de ingreso al ascensor. Ella cruzaba las piernas nerviosa, se notaba que no podía esperar más. Mi Romeo se me acercó y me besó en la boca. Metió la mano en mi remera y me apretó con fuerza el pezón. Yo respondí con una caricia en su entrepierna, y noté lo caliente que estaba. Mientras nuestra amiga se retorcía para no orinarse encima.
Subimos al ascensor. Él pulsó el botón del 15º piso, se separó de mí y besó a Sandra. Ella, aún con las piernas cruzadas lo besó también, con una sensualidad inexplicable. Cuando ellos se soltaron, yo miré a Andrés y me acerqué a Sandra. La besé en la boca y metí mi mano dentro de su solera. Tenía un pezón enorme y duro, lo masajee con ternura.
De pronto ella se dobló sobre sí misma.
- No puedo más, me voy a mear encima! – dijo.
-Siempre se puede un poquito más, linda. – dije yo y la abracé.
-En serio, no puedo... – un chorrito se resbaló entre sus piernas, mojando sus sandalias y el piso del ascensor.
-Hacé un poco, - dijo Andrés – así te aliviás, después la seguimos adentro. Entramos al departamento. Sandra se quitó las sandalias y las dejó a un costado. Se acercó a mí y me besó en la boca. Andrés se sentó en un sofá y nos miraba. No tardamos mucho en quedar desnudas. La conchita de Sandra ardía. Como teníamos casi la misma altura, nuestros pechos quedaron pegados, pezón contra pezón. De reojo vimos como Andrés se quitaba la ropa y una pija enorme quedaba a nuestra vista.
-Qué linda pija tiene tu macho! – me susurró ella al oído.
-Te gusta, nena? La querés? – respondí, también susurrando.
-Me gusta mucho... y también me gusta tu conchita.
-Todavía no me la probaste...
-Ya la voy a probar. Te voy a comer toda, linda, toda toda.
-Y la pija también te la vas a comer?
-Sí, y me la voy a meter... – jadeaba.
-Alguien quiere? – Andrés volvía de la cocina con una botella de cerveza.
Nos sentamos los tres en el suelo a beber, a acariciarnos. Cuando la botella iba por la mitad, yo la tomé y me la pasé por la concha. El frío del líquido me ayudó a soportar un poco más sin acabar, ya que sentía que si sólo la brisa que entraba por el balcón me rozaba, me iba como una yegua.
-Caliente, linda? – preguntó Andrés.
-Ni te imaginás cuanto. – respondí.
-Ahora soy yo quien tiene que mear. – dijo él mientras se ponía de pie y se dirigía hacia el baño.
-Ah no! – le dijo ella – si jugamos vamos a jugar los tres. Ninguno va a mear hasta que no se nos escape, como a mí en el ascensor...
-Traviesa... – las palabras apenas salían de la boca de Andrés.
Él se acercó a Sandra y comenzó a morderle las tetas. Ella gemía de placer, se retorcía, abría las piernas suplicante.
-Me parece que quiere que te la cojas – dije.
-Querés que se la meta?
-Sí, cogétela, amor, no ves cómo tiene esa conchita...
Andrés, de un solo golpe, metió la pija hasta adentro. Ella no tardó más de un minuto en correrse, se frotaba contra él con una avidez increíble. El pobrecito no pudo más, y por más que aguantaba también se corrió, entre espasmos del vientre.
Los dos quedaron tendidos de espaldas, cansados, felices.
Sandra se incorporó y me miró. Yo estaba también en el suelo, boca abajo, y me refregaba contra la alfombra. Andrés volvió a la cocina, y trajo otra botella de cerveza. Antes de abrirla me la pasó por la conchita. La sensación fue indescriptible.
La bebimos entera. Al terminarla, Sandra se acercó a mí. Comenzó a morderme las tetas. Yo no podía más, estaba que reventaba de ganas. Entonces ella bajó y muy despacio, empezó a lamerme los labios, primero por afuera, entraba un poquito, pasaba la lengua suavemente por el clítoris, apenas tocándolo. Yo tenía la vejiga llena de orina, y ardía de deseo. Andrés me besaba en la boca, y me retorcía los pezones.
-Se merece una buena acabada. – dijo ella.
Sandra tomó la botella de cerveza y me introdujo el pico en la concha. Sin dejar de lamer, muy despacito, metía y sacaba su pija improvisada.
-Chupáme, fuerte, hacéme acabar! – ordené.
Ella no hizo mucho caso, porque su lengua siguió jugueteando suavemente. Ahora de lleno sobre el clítoris, lamía, lo apretaba entre los labios, mordía un poco... entonces sentí como un orgasmo bestial me sacudía cada célula.
-Así, así, qué orgasmo... – grité y me corrí de una manera increíble.
Como los tres habíamos acabado, otras necesidades comenzaron a aflorar.
-Tengo que ir a mear ya. – dijo Andrés. – Es en serio, chicas, ya.
Se levantó y se dirigió hacia el baño. Nosotras nos miramos y lo seguimos. Él se disponía a empezar, y Sandra lo detuvo. Nos hizo un gesto con la cabeza, y los tres nos metimos en la bañera. Era una bañera bien amplia, con lo cual teníamos espacio suficiente. Abrimos el grifo y nos sentamos en el piso.
-Chicas, ya no aguanto...
-Ya sale? No podés aguantar un poquito más? – preguntó ella.
-No, me duele... no puedo.
-Yo también me salgo... – dije, apretando las piernas.
-Aguantate un poquito, dulzura.- dijo Sandra, que tenía un plan bien trazado. Se recostó y se abrió los labios de la concha, mirando a Andrés le dijo: lo quiero acá, un poquito para mí, y un poquito para ella.
Yo hice como Sandra, me recosté y separé mis labios también. Él se arrodilló frente a nosotras, y apoyó la punta de la pija en la concha de ella. Dejó escapar la mitad y cortó. Sandra se retorcía de gozo y yo sentía que no podía esperar a experimentar lo mismo. Él se movió y ésta vez, apoyó su pija en mí. Cuando comenzó a soltar sentí ese calor enorme invadirme, hubiese querido que durara para siempre.
-Ahora nosotras, linda. – dije a Sandra. Nos sentamos frente a frente, sobre Andrés, las piernas abiertas, apretándonos una concha contra la otra. Aguantamos unos minutos más, permitiendo que nuestros clítoris se gozaran entre ellos, jugaran, se cogieran.
-Se me sale, Sandra, ya no puedo... Entonces las dos nos meamos, formando un gran charco entre nuestras piernas, que poco a poco se fue escurriendo sobre nuestro hombre, porque a esa altura, ya no era mío, sino todo nuestro.



Llama al
803 401 564



< << Volver
  

(c) Copyright 2005 www.sexo-por-telefono.com | Todos los derechos reservados