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LA TRAVESÍA (Parte 2)

Durante los días siguientes disfrutamos de una travesía excelente con mar calmo y prácticamente sin mayores inconvenientes laborales. Maruja resultó ser una excelente compañera y mejor amante.

Disfrutábamos a pleno y prácticamente todos los días gozábamos de los placeres del sexo.
Las caricias y los besos me llevaban a límites insospechados. Maruja era una perfecta hembra en celo y luego intercambiando roles un macho caliente al colocarse la prótesis de gran tamaño que me ponía alternativamente en la concha o en el culo dilatándolos de manera asombrosa. Luego era yo la que le daba placer, siendo su macho o su hembra.

Almorzábamos y cenábamos con el Capitán, el primer oficial, el radio operador y el jefe de máquinas que parecían divertidos y encantados con nuestra compañía y no dejaban pasar la oportunidad para hacer comentarios intencionados acerca del sexo y la absoluta inferioridad numérica con respecto a la dotación masculina. Con Maruja le seguíamos la conversación sin arredrarnos, y entre bromas y risas le insinuábamos que éramos capaces de mantenerlos en su lugar, y de última soportarlos a todos si fuera necesario.

Luego de doblar el Cabo de Buena Esperanza, dejando atrás el océano Atlántico para adentrarnos en el océano Indico, debimos soportar una furiosa tormenta que hizo que temiésemos por el buque, sobre todo cuando un ruido extraño nos alertó. Nos encerramos con Maruja en nuestro camarote y abrazadas y desnudas solo cubiertas por las cobijas, nos prometimos agradecer disfrutando del sexo si salíamos con vida. Nos besamos sellando el pacto, y fue en ese momento, que se abrió la puerta. El primer oficial se presentó, y luego de un instante de perplejidad, al vernos besándonos, nos explicó que no saliésemos a cubierta por ningún motivo. Me levanté sin percatarme de mi desnudez y me abracé a El llorando. Nos tranquilizo pues dijo que los reportes del tiempo hablaban de una mejoría en las próximas horas y a pesar de la rotura de un motor llegaríamos a las islas Seycheles para repararlo demorándonos algunos días más de los previstos. Antes de retirarse y cerrar la puerta, giró y a manera de despedida me dijo “Que hermoso físico doctora”, “Es un pecado no disfrutarlo”, “y seguro que Maruja también tiene lo suyo”.



Hice el amor con Maruja como si fuese la última vez tratando de no pensar en la tormenta. Estábamos eufóricas y nerviosas, y entre beso y beso me recordó la promesa que debíamos cumplir con los hombres de la tripulación si llegábamos a puerto sanas y salvas. La muy zorra quería iniciarse en una orgía como me había insinuado en alguna correspondencia y nada mejor que una experiencia con la gente curtida y necesitada de sexo como los marinos. La excusa era magnífica y yo también haría realidad mi fantasía de ser cogida por varios hombres como muchas veces soñé.

De madrugada y ya con sol y el mar en calma atracamos en la isla y luego de producirnos para desembarcar, desayunamos con el capitán que nos puso al tanto de las novedades. Estaríamos tres o cuatro días mientras reparaban el motor. Podríamos pernoctar en el barco y debíamos controlar a los marineros que por experiencia solían emborracharse y propasarse con las mujeres luego de estar embarcados durante varias semanas. “No se preocupe que nos ocuparemos de todos, y no tendrá motivos de quejas”, le dijo Maruja como respuesta.

Las playas cercanas donde estaba fondeado el barco eran paradisíacas. Las arenas blancas, las aguas casi transparentes y la vegetación de palmeras y cocoteros que solo recordaba haber visto en algunos documentales eran el marco ideal para descansar y gozar de la naturaleza en toda su belleza. Nos dispusimos a disfrutar de esa mañana maravillosa y de las aguas cálidas y rumorosas del océano. Nos despojamos de la ropa y con solo la bikini nos zambullimos y retozamos en el mar. Luego bajo las palmeras, nos dormimos echadas sobre sendas lonas arrulladas por la brisa marina.

Me desperté sobresaltada al escuchar la voz de Maruja conversando con dos jóvenes en inglés que reían mientras me observaban. Me incorporé de un salto ocultando con mis manos los senos que se hallaban desnudos. Me oculté detrás de una palmera y luego de colocarme la parte superior de la malla, retorné donde Maruja y los soldados según me enteré luego, departían amigablemente.

Me enteré a pesar de mi pobre inglés que nos invitaban a una fiesta para celebrar el fin de su estadía en la isla pues volvían a EEUU. en 10 días. Maruja me convenció de concurrir. “Podemos participar, ya que nadie nos conoce”, “y quien te dice podemos hacer realidad nuestras fantasías”.

Nos pasaron a buscar puntualmente en un jeep del ejército. Nos trasladaron al casino de oficiales, donde varios de ellos nos recibieron efusivamente, éramos las únicas mujeres de la reunión. En la recepción había bocaditos y sándwiches pero sobretodo bebidas alcohólicas a las que no estoy acostumbrada al igual que Maruja. Luego de brindar despejaron la sala y comenzamos a bailar con los oficiales que se turnaban para sacarnos. Las bebidas comenzaron a surtir efecto y entre brindis y brindis comencé a desinhibirme y a marearme. Maruja reía y disfrutaba mostrándose locuaz y provocativa. En un momento determinado se le cayó el bretel del vestido y apareció a la vista de todos, su generoso seno ante el aplauso de los hombres. Uno más atrevido, se acercó y lo tomó entre sus manos y lo llevó a su boca, sin que Maruja se defendiese. Ese fue el inicio de una noche lujuriosa e inolvidable. Excitada y desinhibida como estaba, me apreté al que bailaba conmigo quien de un tirón me despojó del vestido, dejándome como única indumentaria la bombacha, las medias de punto y zapatos de tacos altos. Me besó en la boca mientras acercaba su pelvis a la mía. Sus manos generosas me atrajeron desde el culo y me impulsaron a sentir su verga dura y palpitante. Ya no supe más nada y dejé de defenderme. Me presté a una orgía desenfrenada. Varios hombres me cogieron por la concha y el culo al mismo tiempo que yo lamía y chupaba hermosas trancas de jóvenes calientes que explotaban en mi boca y derramaban el semen por todo mi cuerpo.

Mientras me reponía observé a Maruja quien con una verga en el culo, degustaba el semen de un oficial que le producía arcadas al eyacular. Luego dos trancas enormes la penetraron por el ano y la vagina al mismo tiempo haciendo que gimiese de dolor y de placer. Éramos dos golfas lujuriosas.

Perdí la cuenta de los hombres que nos cogieron, pero como fin de fiestas nos pidieron que le ofreciéramos una demostración de una relación homosexual con Maruja que por supuesto aceptamos. Sorbí el semen que discurría de su concha generosa e irritada por tantas pijas que entraron en su cueva esa noche, y en 69 sentí la deliciosa caricia que su lengua y su boca me provocaron. Luego se ocupó de limpiar mi cuerpo lleno de semen y unimos nuestras lenguas y nuestras bocas como final de fiesta.

Nos retiramos de madrugada a nuestro camarote, luego que el oficial nos condujo al barco, y jamás los volvimos a ver. Dos mujeres pacatas y de vida social irreprochable habíamos vivido una experiencia única haciendo realidad la fantasía de muchas mujeres que jamás se atrevieron a cruzar la frontera de la trasgresión sexual.

MUNJOL En homenaje a Mar-Mar. hjlmmo@ubbi.com



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