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LA VECINA DEL 19 “H” (Parte 4).

Luego de la confesión de Mirta acerca de la relación íntima con mi esposa, encontré explicaciones de la conducta sexual de mi esposa, que había cambiado tanto en los últimos tiempos.

En el día que pasamos juntos tuvo tiempo de explicarme con lujo de detalles, como se habían dado los hechos.

“Como te dije, supe que volvería, lo que no me imaginé que fuese tan pronto” me comentó. “No habían pasado 48 horas, cuando en tu ausencia sonó el timbre de mi departamento. Al abrir la puerta me sorprendí, era Silvia atractiva y misteriosa como siempre. La invité a pasar. Nos sentamos a la mesa, y mientras degustábamos un té me dijo que estaba dispuesta a cualquier cosa con tal de recuperar su matrimonio”. Siguiendo con el relato Mirta agregó, “Seguro que te distes cuenta que me atraes. El beso del otro día al despedirte no fue tan inocente, ¿Te conmovió?”. Silvia hizo un prolongado silencio, y me dijo que la notó turbada. En un susurro tu esposa, trató de desviar la conversación, pero yo insistí. “¿Te gustó?”. “Noté a Silvia excitada y confusa”. “Me paré, la tomé por los hombros y levanté su barbilla, Ella cerró sus ojos y entreabrió sus labios”, “Yo ya no dudé, la besé buscando una respuesta. Nos besamos apasionadamente. Nuestras bocas se fundieron y las lenguas se entrelazaron”. “Tu esposa me calentó como una perra”. “Fui hasta la cocina, y ella me siguió”. “Continuamos con las caricias y los manoseos. Mis manos se posaron sobre la diminuta tanga y palpé la humedad de la misma”. “Ya no pude más”. “La tomé de la mano y la conduje a mi habitación”. “En el trayecto me susurró que jamás había estado con una mujer, y yo con un dominio pleno de la situación sabiendo que se entregaba, le aseguré que iba a gozar como nunca se había imaginado.

“Nos desnudamos y pude comprobar la armonía de su cuerpo. Sus senos pequeños de pezones duros, eran una invitación a disfrutarlos. Los sobé y aprisioné con mi boca, jugué con mi lengua. Era maravilloso sentir los jadeos y los gemidos que emitían sus labios”. Siguiendo con el relato me expresó “Tu esposa en el paroxismo del placer se hecho de espaldas sobre la cama y entreabrió sus piernas, ofreciéndome su concha”. “Le abrí los labios de la vulva con mis dedos, y luego de oler los jugos de su vagina degusté los mismos de sabor agridulce tan personales y excitantes”. “Luego fue ella la que repitió una a una las caricias que yo le había hecho”. “Fue maravilloso y terminamos frotando nuestras vulvas con frenesí hasta lograr cada una, un orgasmo intenso prolongado y ruidoso”.

“Estuvimos encamadas y abrazadas durante más de una hora, prodigándonos arrumacos y besos. De tanto en tanto nos masturbábamos introduciendo los dedos en la vagina y estimulando el clítoris”. Allí Mirta le hizo jurar que no me contaría lo sucedido y que para seguir con sus relaciones y recuperar su matrimonio debía prestarse a las órdenes que ella le daría. Exactamente la chantajeaba a Silvia como lo había hecho conmigo para no denunciarme.

Silvia se transformó en la mujer sumisa de mi amante y se prestó desde el primer momento a los caprichos de Mirta. Esta me mostró la corsetería de cuero, las medias y los zapatos negros y las pelucas con las que se vestían para las sesiones de sado-masoquismo que solían tener. No lo podía creer, pero en el fondo debía agradecerle por el cambio que mi esposa había experimentado. Había vuelto a ser la mujer fogosa de nuestro noviazgo. Los consoladores que a su pedido yo le había regalado fueron juguetes de uso corriente durante sus encuentros sexuales. Me mostró fotos que atestiguaban sus dichos y las expresiones de placer que denotaban sus rostros lo que hizo que esperase el momento oportuno para proponerles un trío y explorar entonces una fantasía que rondaba en mi cabeza desde siempre.

Munjol. Continua con “La vecina del 19 “H”, (parte 5)



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