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MI TÍA

Decidí ir a estudiar a la Capital. Lía mi tía soltera, vivía sola en su departamento y me propuso alojarme con ella mientras durasen mis estudios. Me convenció diciéndome que estaría encantada de mi compañía pues sabía que nos llevaríamos muy bien compartiendo las alegrías y los sinsabores cotidianos. No podía ser más atractiva su propuesta, mi familia estaba encantada, me ayudaría en mi experiencia en la Capital y económicamente disminuía sensiblemente mis gastos.


Me trasladé a su departamento en los primeros días del año para instalarme e inscribirme en la facultad. Para ambientarme y adquirir cierta independencia en el manejo de los tiempos y los traslados Lía fue muy importante y me acompañó para todos los trámites.

Lía era agraciada y locuaz. Me atrajo en la medida que la fui conociendo e intimando, aunque había algo en ella misterioso que no me cerraba. De estatura mediana, ojos almendrados, cabello rubio siempre bien cuidado enmarcando sus facciones delicadas, la hacían sumamente atractiva. Su cuerpo armonioso de caderas estrechas buenas piernas y pechos generosos, generaron más de una vez mi pregunta de porqué no se había casado ni le conocía ninguna pareja. Ella reflexiva evadía la respuesta, y siempre me respondía.



“Ya te darás cuenta, cuales son mis sentimientos y mis deseos”.
Estaba intrigada. Lía siempre estaba lista para complacerme. Se encargaba de resaltar la mala experiencia que había sufrido con los hombres que habían pasado por su vida.
“Nosotras las mujeres nos entendemos más y no necesitamos de los hombres para disfrutar plenamente”, añadía como colofón.

Empecé la facultad. Yo llegaba después de ella que me esperaba con la cena y el baño preparado. Lía generalmente se bañaba antes, se arreglaba primorosamente y con un deshabillé rojo como única prenda, me servia como una geisha. Los fines de semana íbamos al cine o al teatro y solíamos cenar afuera. La disfrutaba como jamás lo había imaginado. Creo que me fui enamorando a medida que pasaba el tiempo. Ningún hombre me había halagado ni ofrecido lo que Lía todos los días me brindaba.



Había aplazado un parcial. Lía me consoló y lloré en sus brazos. Sentí ternura y un calor invadió mi cuerpo atraído por esa mujer madura aún joven. Esa noche mientras cenábamos me preguntó como al pasar si había tenido alguna experiencia sexual. Ruborizada asentí con un mohín pero me encargué de aclararle que hacía mucho tiempo de ello y no tenía un buen recuerdo de mi ex novio, que había sido brusco y grosero cuando me inició.

Sonrió me abrazó y me dio un beso en la mejilla. “Debes disfrutar del sexo sin tabúes, ni prejuicios”, sentenció. Advertí en su mirada ternura y comprensión y le devolví el beso rozando sus labios. Corrí al baño para no mostrar mi turbación y tomé una ducha prolongada tratando de calmar mi calentura que había despertado en mí ese beso furtivo.
Al retornar me esperaba en el diván con los libros para ayudarme en el estudio. Me recliné apoyando mi cabeza en su regazo. Lía colocó su mano derecha sobre mi vientre y mientras me leía, como al descuido dejó al descubierto su seno derecho con su pezón próximo a mis ojos y mi boca. Era una tentación. Ya no pensaba en la lectura.



Elevé mi vista y encontré una sonrisa en su boca. Se inclinó aún más como ofreciéndolo, y ya no dudé. Me prendí con mi boca de su seno y comencé a succionar su enorme y duro pezón. Entonces fue ella la que descubrió mis senos y liberó mi calzón acariciando con sabiduría el clítoris e introduciendo sus dedos en la vagina practicándome una masturbación sensacional. De allí en más todo fue sensualidad y placer. Las palabras fluían a borbotones entre gemido y gemido.

“Cuanto te deseaba, mi amada sobrina”, me decía en un susurro
“Yo también tía, me haces muy feliz, nunca creí que pudiese disfrutar tanto con una mujer”.
“Tu concha y sus jugos me enloquecen mi amor”.”Sos tan joven”



Me colocó de espaldas abierta de piernas y me practicó una caricia sensacional jugando con su boca y con su lengua, acompañándose con sus dedos que remedaban un falo masculino entrando y saliendo. Comencé a jadear y a gemir al aproximarse mi primer orgasmo.
“Que concha divina y complaciente”. “algún travieso me allanó el camino pero desde ahora en más me pertenece”, musitó con palabras entrecortadas.
Al escuchar a Lía no me pude contener y derramé mis jugos en un orgasmo ruidoso, mientras me agitaba y retorcía de placer.
Luego fui yo la que le produje un orgasmo utilizando mis manos y mi boca explorando su concha encharcada sorbiendo los jugos que fluían de su vagina.
Fue una noche mágica, que se repitió casi a diario durante varios años durante la convivencia en su departamento de la calle Arcos. Fuimos pareja y gozamos de una sexualidad intensa que nos llevó a experiencias maravillosas donde no hubo fantasía que dejásemos incumplidas.

Munjol (Marta) hjlmmo@ubbi.com.



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