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VENCÍ MIS PREJUICIOS.

Conocí un matrimonio a través de la página de “Todo relatos”. Esos escritos despertaron mi sexualidad adormecida, y me animé a escribirles. Mi vida pueblerina transcurría dentro de una monotonía que hacían tediosos los días. Mis amistades no me permitían expresarme como sentía ya que el tema sexual era prohibido y pecaminoso, hasta que descubrí los relatos eróticos en las páginas de internet que llenaron un vacío que buscaba para satisfacer mis deseos y fantasías.

Soy profesora en un colegio secundario y me muestro recatada y juiciosa tratando de disimular mi verdadera personalidad. Varias veces estuve tentada para cometer una trasgresión con un alumno que despertaba mis instintos sexuales. En más de una ocasión me masturbé pensando en que me entregaba a su fogosa juventud. Estoy casada y gozo de prestigio dentro de la comunidad de mi pueblo lo que me impedía expresarme con sinceridad por temor que descubriesen mis ocultos deseos. Finalmente luego de intercambiar correspondencia con Marta me atreví a confesarle mis deseos y frustraciones. Ella compartía mis secretos, y me estimulaba para que diese rienda suelta a mis instintos. Gozábamos describiendo a través del correo electrónico escenas lésbicas que me llevaron, en varias oportunidades, a orgasmos intensos como jamás había experimentado. Fue entonces cuando comprendí mi bisexualidad. Disfruto imaginando relaciones intensas con hombres y mujeres y se lo transmití a Marta que me instó a hacerlas realidad.

“Maruja, debemos encontrar el momento y el lugar apropiado”, “y no debes cejar hasta no haber satisfecho tus deseos y los míos”, me repetía en cada comunicación. La oportunidad llegó. Había unas jornadas de actualización académica en Buenos Aires un fin de semana y se lo transmití a Marta. Eufórica me manifestó su complacencia ante la oportunidad que se presentaba. Ella iba a preparar todo para disfrutar de dos días distintos e inolvidables.

A pesar de sus palabras para tranquilizarme pues nadie me conocía ni sabía de lo nuestro, dudé hasta último momento en ir a la reunión, pero finalmente su insistencia y la oportunidad que se presentaba para compartir mis fantasías con Marta me decidieron. Mi marido contribuyó a la misma al insistir para que no desaprovechase la invitación al Congreso sin imaginar el verdadero motivo de mi viaje. Parecía impulsarme a pecar deseándome que fuese y disfrutase de ese fin de semana pese a no poder acompañarme.

Cuando me senté en el ómnibus para trasladarme a Buenos Aires mi corazón se aceleró. Mil preguntas acudieron a mi mente, ¿haría bien en aceptar la invitación de Marta?, ¿sería capaz de hacer realidad mis fantasías participando de una “reunión” especial como había soñado?, ¿No defraudaría a Marta cuando me conociese? Al apearme en Retiro mis dudas empezaron a disiparse, allí estaba esperándome Marta, que me recibió con una sonrisa.

“Maruja, cuanto gusto de verte y conocerte personalmente”, “Te ves hermosa, tal como te había imaginado”, me abrazó y me dio un beso en la boca. Sentí sus labios húmedos y cálidos y le devolví sus besos sin reparar en la gente de alrededor. Me tomó del brazo y mientras me llevaba hacia su auto fui observando su figura. Era trigueña de estatura mediana. De ojos pardos y mirada sugerente. Su boca carnosa de labios gruesos, su cuerpo armonioso de cintura estrecha y sus senos firmes me impactaron. Toda su figura irradiaba un halo de sensualidad y misterio.

De viaje hacia su departamento comprobé su delicadeza y amabilidad como a través de nuestra correspondencia había intuido. Dejé mi equipaje y luego de cambiarme de ropa y acicalarme se ofreció para llevarme al hotel donde se realizaba el evento y registrarme en el Congreso. Se lo agradecí con la condición que luego aceptase mi invitación para almorzar juntas.

El almuerzo sirvió para distenderme y entrar en confianza. Marta fue logrando que me sincerase y le transmitiese mis reparos y mis dudas para enfrentar esa “fiesta” que ella me proponía. Con tino y seguridad desestimó cada una de ellas. Era maravillosa. Durante el mismo me explicó que iríamos a un espectáculo nocturno donde conoceríamos gente liberal compartiendo una copa y un show para luego volver a casa y disfrutar de un fin de fiesta especial.

Pasaron dos horas de confesiones y confidencias hasta que llegó la hora de ir al simposio. Fuimos juntas hasta el hotel Panamericano y Marta quedó en pasarme a buscar a su término. Debo confesar que lo que se exponía me importaba poco, todos mis pensamientos se centraban en la “reunión” de la noche. Era la primera vez que participaría realmente de una velada plena de erotismo y sensualidad. Me preguntaba a cada instante si yo, Maruja, una pueblerina pacata disfrutaría al hacer realidad mis deseos, dando rienda suelta a mis instintos de mujer frustrada.

Puntualmente Marta me pasó a buscar. Ya en su departamento tuve mi primera experiencia homosexual. Me bañé y al salir de la ducha me esperaba Marta desnuda. Era hermosa y todo su cuerpo irradiaba sensualidad. Dejé caer la toalla que me envolvía y me uní en un abrazo estrecho, uniendo nuestros labios. Su boca carnosa entreabierta recibió mis besos y la lengua recorrió sus entrañas. Respondió con desesperación cerrando sus ojos. Que maravillosa sensación de posesión y lujuria. Sentí sus senos apretándose contra los míos y su respiración agitada. Entre jadeos y palabras de amor balbuceaba “Cuanto deseé este momento Maruja”. “Yo también”, le respondí. Nos tomamos de las nalgas aproximando las pelvis para frotar nuestras vulvas y tuve mi primer orgasmo con una mujer. De la mano y trastabillando torpemente por la urgencia y la calentura que nos consumía llegamos a la habitación. Nos dejamos caer sobre la cama que fue testigo de nuestra entrega. Marta se situó entre mis piernas y me prodigó una mamada fenomenal lamiendo la vulva y mordisqueando el clítoris. Me retorcí de placer y no pude evitar los gemidos ante cada caricia. Luego fui yo la que atendí y le di placer a esa concha húmeda llena de pringosos jugos que sorbí hasta la última gota. Terminamos agotadas y sudorosas por lo que debimos bañarnos nuevamente lo que sirvió para que al enjabonarnos nos prodigásemos caricias plenas de agradecimiento y amor ante tanto placer.

Me vestí con una blusa y una pollera nueva corta que dejaba ver mis piernas. Al ver mi atuendo lo elogió. “Maruja te ves preciosa y vas a despertar más de una mirada” “Me voy a poner celosa”, fue su comentario.

“No seas tonta no puede haber otra mujer en mi vida luego de haberte conocido” le respondí, “Además no creo que ningún hombre me satisfaga como vos”. “Eso lo veremos y debes estar segura de lo que dices”. “Esta noche podrás comprobarlo”. Sus palabras me intrigaron pero Marta no agregó nada más.

Cenamos frugalmente y a la medianoche nos dirigimos al pub donde encontré un ambiente diferente a todo lo que había conocido. Parejas de gays y lesbianas compartían el lugar. Nos acomodamos en una mesa que Marta había reservado y tomadas de la mano me dispuse a observar a la gente y el espectáculo. Me entretuve al principio y comprobé la familiaridad y el respeto con que saludaban a Marta quien me confesó que era una asidua concurrente al lugar. Luego salimos a bailar y reanudamos nuestros juegos amorosos. Ya no reparaba en nada ni en nadie. //Que besos intensos//. La media luz del boliche contribuía generando un ambiente pleno de erotismo. A pesar de las relaciones previas que gozamos con Marta volví a excitarme y solo la luz que se encendió para dar comienzo al espectáculo impidió que tuviese un orgasmo en la misma pista de baile.

Nos sentamos abrazadas y nos dispusimos a disfrutar del strip-tease y luego el show de un hombre que realizaba un desnudo ante la concurrencia.

Estaba distraída mientras una mujer hermosa realizaba el strip-tease hasta que apareció un joven en el escenario y comenzó con su show. Era apolíneo y fue mostrando su musculatura marcada en la medida que se desnudaba hasta quedar solo con el slip que sugería un miembro enorme bajo su tela. Estaba fascinada ante lo que observaba. Marta me sacó de mi ensimismamiento cuando me preguntó, “Maruja te gusta”.

“Por favor que desperdicio, ¿Es gay?”,
“No es heterosexual y muy amigo mío”, me respondió. “luego te lo presento”.

Al concluir el show, se encendieron las luces. Había bebido demasiado para lo que acostumbro y me sentí un poco mareada. Fui hasta el baño para refrescarme y cuando retorné a la mesa Marta estaba conversando con el joven. Me lo presentó a Ramiro que luego de saludarme se despidió de nosotras con un beso y un “hasta luego”. Eso me intrigó pero no pregunte nada, ¿Qué habría querido decir?

Eran las cuatro de la mañana cuando llegamos de regreso al departamento. Me saqué el maquillaje y cuando me estaba desvistiendo sonó el timbre del portero eléctrico. Marta atendió presurosa y me tranquilizó cuando me dijo “Ha llegado la sorpresa”.

Vaya si lo fue, el joven del desnudo en el escenario, apareció en la puerta. Me cubrí con un deshabillé mientras Marta se sonreía, “no te preocupes”, “esta noche será completa y te darás cuenta la mujer ardiente que hay en vos querida Maruja”.

“Ya le expliqué cuales eran tus fantasías y decidimos que las haríamos realidad”. Quedé sorprendida y esbocé una tímida defensa, pero no estaba en condiciones de contradecirla. Siempre había soñado con una orgía, y no era el momento de echarme atrás.

Nos desnudamos los tres y Ramiro terminó de despojarse el slip. Tenía una enorme verga que Marta tomó con sus manos y arrodillándose la llevó a su boca. Observé como la mamaba y me invitaba a compartirla. No dudé un instante y la imité. Era la primera vez que lo hacía con un desconocido. Era esa verga mucho más grande y gruesa que la de mi esposo y me dediqué a besarla y acariciar sus testículos. Estaba eufórica y me desconocía. La concha de Marta y la verga de Ramiro harían realidad mis fantasías.

Me fueron guiando y me colocaron de espaldas sobre la cama y Marta se colocó a horcajadas sobre mi rostro acercando su vulva a mi boca. Ya no pude con mi calentura. Besé la concha de Marta y mi lengua sorbió los jugos agridulces que fluían de su vagina. Ramiro se situó entre mis piernas, abrió mis muslos e insinuó la gruesa cabezota de la enorme verga entre los labios carnosos de mi vulva que se abrió generosa para recibirla. Comenzó a bombear lenta y profundamente dilatando en cada embestida las paredes de mi concha ávida de gozar con esa verga descomunal. Ramiro era un experto en eso de dar placer. Mis tetas recibían las caricias de las manos de Marta y Ramiro que pellizcaban los pezones endurecidos por el estímulo. Mis orgasmos se sucedieron una y otra vez. Ramiro parecía insaciable y mi concha agradecida. No podía creer que esa enorme pija desapareciese integra dentro de mi vagina. Luego invertimos las posiciones y fui yo la que dirigí la verga de Ramiro hacia la concha de Marta. Observé como la vulva se abría para albergar semejante tranca. Era maravilloso ver la introducción de la verga hasta los testículos que quedaban como únicos testigos de la cogida, golpeando rítmicamente los glúteos ante cada ir y venir.

Fue una noche intensa y mi vulva y mis tetas terminaron irritadas como resultado de una noche de lujuria y sexo desenfrenado. Cuando me incorporé para ir al baño mis piernas temblaban. Al mirarme al espejo comprobé mi rostro con sus ojeras marcadas que denotaban el cansancio por tanta entrega. Jamás imaginé que pudiese gozar tanto con un hombre y una mujer que me brindaron su experiencia y su comprensión. Mis fantasías se habían hecho realidad.



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