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HERENCIA AMATORIA

1ª parte: Amantes, amigos y amantes

Cuando llegué de Londres para asistir al funeral de mi padre, Toni, el que fuera mi amigo del alma, me esperaba en el aeropuerto con la cara fruncida por el dolor. En los últimos años, mientras yo me preparaba para ser un gran directivo, él se había convertido en el hombre de confianza de mi padre. Tras la muerte de mi madre, incluso se había trasladado a la mansión familiar para apoyarle y hacerle compañía.

En los últimos ocho años, había visto a Toni en contadas ocasiones. Las escasas temporadas que yo pasaba en Barcelona coincidían siempre con las épocas de máximo trabajo en la empresa de mi padre y Toni viajaba por todo el mundo para atender los negocios mientras papá se tomaba un descanso para estar conmigo esos días.

El funeral, repleto de políticos, empresarios, periodistas e incluso algun que otro jefe de estado -y, ¿como no? famosillos de toda calaña en busca de la preciada fotografía con sus respectivos paparazzi-, fue una autentica pesadilla. Estuve todo el tiempo deseando poder estar en casa para privatizar mi dolor. No fue hasta dos días después del funeral cuando, con la ayuda de Jonás, nuestro mayordomo de toda la vida, me puse a ordenar la ropa y los enseres personales de mi padre. Esperé a Toni para cenar, charlamos de nuestras cosas, nos dimos las buenas noches y le comenté mi intención de leer cierta correspondencia privada que había encontrado en el despacho de mi padre por si había algún asunto familiar que urgiera resolver.

Mi amigo intentó disuadirme diciendo: "No sé si estás preparado para leer todo eso". Le hice ver lo estúpido de ese comentario. Él me lanzó una mirada enigmática, a la que, ya medio enfadado y dolido, contesté: "Estoy preparado para lo que sea". Él me espetó un brusco "¡Quizás!" y salió del comedor dejándome con la palabra en la boca. No di mayor importancia a su reacción. Me despedí del servicio y me fui a mi habitación.

Me desnudé y me tendí en la cama cogiendo la primera de las cartas de papá. La mayoría eran invitaciones a actos estúpidos, pesadas cartas formales y cosas por el estilo. Estaba por apagar la luz y acostarme cuando descubrí una carta muy distinta a las demás. Era una apasionada carta de amor, de fecha muy reciente, firmada con un enigmático garabato. No me extrañó en absoluto que mi padre pudiera volver a enamorarse -era aún joven, muy sofisticado y realmente atractivo- pero me intrigó quien podía ser esa mujer. Releí la carta varias veces para ver si daba con alguna pista. Mi búsqueda fue inútil. De repente me vinieron a la mente las últimas palabras de Toni: era evidente: si alguien sabía algo de la vida privada de mi padre, ese era él.

Mi estoica educación británica me permitió, pese a la curiosidad esperar a la mañana siguiente, me levanté muy temprano. Me duché en 5 minutos y, sin vestirme siquiera, me dirigí a la habitación de Toni. No me molesté en llamar. Entré de sopetón, abrí las cortinas, le zarandeé y le dije sin reparos: "Quiero saber quien era la novia de mi padre". Él me miró sorprendido, me hizo una mueca y se giró para intentar dormir. Insistí y se incorporó. Me miró con un cierto aire de ternura, miró el despertador y balbuceó un casi imperceptible "Joder".

Fue suficiente. No iba a dejarle meditar la respuesta. Me puse encima de él y empecé a hacerle cosquillas como cuando éramos niños. Él intentó zarandearse para evitarme y, pese a que casi lo consiguió, no desperdicié mis muchas horas de gimnasio en la “city” y pude evitar su huída. Rodamos entrelazados por la cama mientras él intentaba librase de mi acoso, hasta que, de repente, noté como mi pene se excitaba. No supe que hacer y me quedé mirando a Toni. Que estaba totalmente desnudo debajo de mí y noté su pene cerca de mi muslo, también estaba en plena erección. Nos miramos a la cara un segundo pero no nos movimos ni un centímetro.

Me miré a mí mismo. Mi albornoz (lo único que llevaba puesto) estaba casi desabrochado. Noté la calidez de su piel junto a la mía. Toni no hizo nada por separarse de mí; al contrario, se puso frente a mí y comenzó a pasear sus manos por mi pecho y a masajear mis tetillas, mientras se incorporaba lentamente. Me miró a los ojos y me regaló en un beso apasionado al que yo respondí casi de inmediato. Le acaricié los lóbulos mientras introducíamos nuestras lenguas hasta el fondo del nuestros respectivos paladares. Nunca me habían besado de esa forma, nunca un beso me había producido tanto placer, y, sorprendido, noté como unas gotas de mi jugo preseminal se vertían sobre el pecho de Toni. Él ni se inmutó, se separó de mis labios, recogió mi jugo con la punta de sus dedos y lo lamió golosamente. Después me ofreció sus dedos y lamí el delicioso gusto de mi semen y su cálida saliva.

Lentamente, Toni se fue incorporando. Por primera vez le vi completamente desnudo y aprecié sus 1,80 m. de hombre, su pecho musculoso y lampiño, sus piernas fuertes y su culo prieto. Mi exploración se detuvo en su entrepierna donde me deleité en su estaca de 18 cm y unas pelotas grandes y sin vello. El también me exploró levemente, pasando lentamente su lengua desde mi boca hasta los dedos de mis pies, deteniéndose en cada curva, cada órgano y cada apéndice de mi cuerpo. Cuando acabó su exploración comenzó a lamer con pasión los 19 centímetros de mi polla y a pasar su lengua desesperadamente por mis testículos. Vaya con las tragaderas de mi amigo: en un minuto introdujo todo mi pene en su boca y me hizo estremecer de deseo. Cuando mi respiración demostraba la inminencia de mi corrida se la sacaba de la boca y empezaba a lamer mi vientre. Al poco tiempo volvía a tragarse mi polla y comenzaba un lento mete-saca que se iba haciendo cada vez más intenso.

Finalmente le imploré que me dejara acabar. Sacó mi pene de su boca, me dijo "Así no" y se dirigió al baño sin decirme nada. Al cabo de unos segundos que me parecieron un siglo volvió con un frasco de vaselina, untó ligeramente su ano y se sentó de una estocada sobre mi pene. Yo grité de placer mientras él gritaba de dolor-placer. Empezó a cabalgarme mientras yo suavemente empezaba a masturbarle. Nuestras corridas fueron de campeonato y casi de forma simultánea. La mía en su agujero y la suya sobre mi pecho, mi cuello y unas gotitas que salpicaron levemente mis labios y que succioné con avidez.

Toni, se levantó y comenzó a lamer su propio semen con glotonería. Cuando acabó limpió mi pene y me dio un beso apasionado en el que se mezclaron nuestras salivas con los restos de nuestra mañana de sexo.

Permanecimos un rato tumbados en la cama abrazándonos y acariciando nuestras respectivas anatomías hasta que nos interrumpió el teléfono. Era Sergio, el chofer de papá, preguntando a Toni a que hora quería que estuviese preparado el coche para llevarlo a la oficina. "En media hora, Gracias Sergio" dijo y colgó diciéndome: "Lo siento muy mucho Eric, pero el deber me llama". Se levantó bruscamente y fue a asearse. Cuando salió de la ducha se acercó de nuevo a la cama. Me besó tiernamente y me dijo "si quieres puedes ducharte mientras me afeito". Le quité la toalla que llevaba en la cintura y me metí bajo el chorro de agua caliente.

Aún no estaba del todo mojado cuando se abrió la mampara y escuché un divertido "Servicio de enjabonamiento de espaldas, dejen paso por favor". Toni se puso detrás de mí y comenzó a darme un sensual masaje mientras pegaba su pene erecto a mi culo. El masaje pasó a la parte delantera donde mi instrumento estaba de nuevo al máximo de sus posibilidades. Me giré para besarle y Toni con un tierno "Te quiero" se arrodilló y empezó a lamer mi polla hasta que me vine de nuevo en su boca. Lo tragó todo. Se levantó apresuradamente y salió con un expresivo "Voy a llegar tarde a todas partes".

Cuando salí del baño se estaba acabando de vestir. Me acerqué a él, le hice el nudo de la corbata y le besé con pasión. Cuando iba a largarse. Le di un tirón de la corbata y le dije "Aunque nos hayamos acostado juntos, me debes una respuesta: Quiero saber quién era la amante de mi padre".

Toni me miró con una sonrisa pícara y me dijo: "De verdad quieres saberlo?" Con cara muy seria le dije que sí. Él vaciló un momento y me espetó: "Tranquilo, tu madre fue la única mujer en la vida de tu padre. Nunca tuvo ninguna amante... tuvo UN amante y te acabas de divertir como un poseso follando con él"

No esperó mi respuesta. Me besó de nuevo, y, saliendo de la habitación, me dijo: "Lo siento cielo, he de irme. Nos vemos a la hora de la cena" y salió de la habitación.

...continuará

2ª parte: Masturbación a duo

Después de lo que me dijo Toni, me quedé estupefacto. No podía, ni queríara imaginar que mi padre sintiera nada por los hombres. La sola visión del gran y atractivo Eudald Sugranyes en la cama, desnudo y compartiendo sus sentimientos más íntimos con Toni me desconcertaba soberanamente. Por una parte me sentía herido; siempre lo había compartido todo con mi padre, nos enviábamos larguísimos e-mail con una frecuencia casi diaria, hablábamos horas por teléfono, me visitaba cada tres semanas y, según creía, me mantenía siempre al día de todo lo que pasaba en casa y en la empresa.

Por otra parte sentía una especie de pudor por haber invadido de golpe la vida íntima de mi padre y, no voy a negarlo, un cierto morbo imaginando a Toni comiéndose el pene de mi padre como acaba de hacer con el mío, siendo poseído por él mientras ambos se inundaban de placer y sudor.

"Ejem, ejem, señorito Eric, da usted su permiso". Esas palabras me volvieron de nuevo al mundo real. Era Jonás el mayordomo quien rápidamente y sin mirarme ni mostrar la más ligera extrañeza por encontrarme desnudo (¡y erecto!) en la cama de Toni, descorría las cortinas y dejaba en la mesa camilla una bandeja con un par de barritas de cereales, un yogurt y un café muy cargado como a mí me gustaba.

Seguramente él, aunque por su discreción lo negaría siempre, había sido el testigo silencioso de la relación de papá y Toni. Desayuné, me volví a mi habitación y pensando en todo lo que acababa de pasar, me quedé dormido hasta el mediodía.

Eran más de las doce, cuando me desperté empapado en sudor; me puse un short y una camiseta a juego y bajé a dar un paseo por el jardín. Mi mente daba vueltas a una única idea: ¡papá y Toni habían sido... amantes!.

De pronto me encontré frente a la piscina exterior, me senté en una de las tumbonas, me quité la camiseta y me puse a tomar el sol. Ni siquiera me di cuenta de que no estaba solo hasta que un pequeño ruido me hizo girar la cabeza. Era Sergio, nuestro chofer y jardinero, que estaba podando los setos del jardín a pocos metros de mí.

Nunca me había fijado demasiado bien en él porqué mi padre lo había contratado cuando yo ya estaba en Londres. Así que, protegido por mis gafas de sol, lo contemplé como si le viera por primera vez. Iba vestido con un pantaloncillo –mucho más corto y ceñido que el que yo llevaba- y una camiseta sin mangas ajustada. Era un chico no mucho mayor que yo, más o menos de mi altura y con una abundante melena castaña recogida en una divertida trenza. Tenía un cuerpo de anuncio, unos brazos fuertes y musculosos, una espalda ancha y unas piernas velludas y de perfecto futbolista. ¡Vamos un pedazo de tío como diríamos ahora!

De repente se giró, me vio y se dirigió hacia mí. Noté como mis mejillas ardían de vergüenza. Mientras se acercaba me pude deleitar con sus abdominales perfectos y el gran paquete que se intuía bajo su short.

"¿El señor necesitará de mis servicios?", me preguntó. Me quedé sin saber que responderle mientras mis ojos se deleitaban con ese cuerpo. "Perdone, señor, me ha oído usted, desea que le acompañe a alguna parte".

Miré distraídamente mi reloj, pasaban de las tres de la tarde. Miré a mi interlocutor y le respondí lo primero que pasó por mi cabeza: "Si Sergio, desearía que me acompañara al centro a hacer unas compras, pero si tiene trabajo en el jardín podemos ir mañana". "Estoy a su disposición para lo que guste mandar, señor –me contestó. "De acuerdo Sergio, me aseo, me visto y en una hora le espero frente a la puerta de la casa". "Muy bien señor, si me disculpa yo también iré a ducharme y ponerme una ropa más adecuada", recogió sus herramientas, ofreciéndome un generoso plano de su culo prieto y se dirigió al apartamento sobre el garaje.

Me fui a mi habitación, me desnudé y de pronto algo, como un resorte, me llevó a asomarme a la ventana. Desde mi cuarto se gozaba de una gran vista sobre el jardín, la piscina y, a pocos metros, el garaje. En el apartamento del garaje se vislumbraba una ventana abierta. Sin duda era el cuarto de Sergio. Corrí las cortinas y busqué mis prismáticos en un intento vano de ver algo excitante. Mis pesquisas tuvieron un resultado mucho mayor del esperado. Sergio entró al poco tiempo al apartamento. Parecía nervioso y apresurado. Se sacó la camiseta ofreciéndome un primer plano de su pecho perfectamente musculado y fibroso. Su piel morena y sudada resplandecía ante mis ojos. Mi vista se detuvo de pronto en el bulto de su entrepierna que parecía definir una increíble erección. Se desató el pantaloncillo y apareció un pequeño tanga que intentaba esconder, sin conseguirlo, lo que parecía un pene de tamaño formidable. Se arrancó nervioso la fina pieza de ropa y empezó a manosearse un gran rabo de, a primera vista, veintitantos centímetros, coronado con un glande circundado y rosado como una fresa de lo más apetecible. Bajo éste un divertido ensortijado de pelos castaños destacaban más aún sus testículos morenos y de gran tamaño.

Mi pene se alegró ante tanta belleza y noté una erección instantánea. La sesión matinal con Toni no había hecho más que excitarme y mi lívido juvenil deseaba más de lo mismo. De repente, Sergio se tiró sobre la cama y empezó a masturbarse lentamente con una mano mientras con la otra se iba introduciendo un dedo en el ano.

Yo, pese a estar de pie, hice lo mismo que él mientras deseaba con lujuria poder besar ese gran aparato que veía tan cerca pero que me parecía extrañamente lejano.

El sube y baja de la masturbación peneal iba acompañado de una maravillosa masturbación anal, al primer dedo siguió el segundo y luego un tercero y, creí entrever que hasta un cuarto. De pronto el ritmo frenético de su masturbación disminuyó y me pareció intuir como su miembro se tensaba y se estremecía como si tuviera vida propia al tiempo que el mío experimentaba los mismos síntomas.

De repente su miembro escupió un primer y abundante trallazo de semen, al que siguieron como ocho más de la misma intensidad mientras, al tiempo yo me corría en el alfeizar de la ventana. Sergio se quedó inmóvil, con la mano derecha recogió los restos de semen que habían quedado sobre su pecho y los comió golosamente mientras yo me moría por no poder estar ahí para acabar esta especie de juego sexual junto a quien se había convertido por unos minutos en mi objeto de deseo.

De pronto mi espiado miró el reloj, se levantó de un golpe y se perdió en la habitación contigua que supuse sería el aseo. Eso hizo que despertara de mis fantasías y me introdujera también en el baño.

Diez minutos después nos encontramos en el hall. Sergio entraba apresurado mientras yo bajaba por la escalinata. Iba vestido con un pantalón de punto ocre y una camisa blanca impecable adornada con una corbata de tonos negros y amarillos. En pocos segundos lo observé atentamente. En conjunto era un "pedazo de hombre" pero había algo en su semblante que le hacía parecer severo y expectante, como si se tratara de un animal encerrado que espera ansioso un descuido de su dueño para escaparse; ese algo le daba un aspecto triste y lo hacía parecer más maduro y apetecible.

Cuando descendí los últimos escalones se dirigió a mí con respeto:

- Perdone mi retraso señor, en el último momento he tenido que hacerme cargo de un trabajito pendiente. En un par de minutos tendrá el coche preparado.

- No se preocupe Sergio –le contesté- también yo he tenido un imprevisto de última hora que me ha rezagado un poco. Sergio me miró y esbozó media sonrisa y, mientras me indicaba con un gesto que llevaba la bragueta desabrochada, salió en busca del coche.

Me subí la cremallera, me miré al espejo y salí tras su hermoso culo hacia el jardín

3ª parte: la hora del café

Aunque el hecho de ir de compras había sido una mera excusa para salir de casa; una vez allí, y después de comprar un par de cosillas de estilo deportivo, me decidí a afrontar cuanto antes mi nueva realidad: tras la muerte de papá me había convertido prematuramente en el accionista principal de uno de los primeros grupos empresariales del mundo; mi momento había llegado y ya era hora de empezar a rentabilizar mis “estudios” en las mejores universidades europeas.

Salí en busca de Sergio y le pedí que me acompañara a la zona más exclusiva de la ciudad donde me dispuse a elegir mis nuevos "uniformes de trabajo":
media docena de trajes, un par de smokings, camisas de diversas tonalidades con sus corbatas a juego, pañuelos de seda, unos gemelos de oro, ropa interior adecuada, complementos diversos...

Sergio, en medio de la vorágine de probadores y dependientes, se mostró más comunicativo; me ayudó a elegir algunos de los modelos y se convirtió en un participativo admirador de mi "desfile de moda particular". Me miraba con un deje de recriminación cuando algo no le parecía bien o con aprobación en el caso contrario; y, ciertamente, demostró tener un muy refinado sentido del gusto. Yo por mi parte me sentía excitado sintiéndome “admirado” por un hombretón como Sergio y en un par de ocasiones tuve que demorar mi salida del probador intentando, sin demasiado éxito, controlar una incipiente erección, que se hacía evidente bajo los finos pantalones de mis nuevos trajes.

Probablemente, Sergio, se dio cuenta ya que, en muchas ocasiones, lo sorprendí mirando las partes bajas de mi anatomía de reojo. Su semblante, no obstante, permanecía siempre sereno y su sola presencia exhalaba una tranquilidad y una seguridad que me hacían disfrutar de cada momento.

Las horas pasaron volando y cuando llegamos a casa ya era prácticamente de noche. Jonás, el viejo mayordomo, nos abrió la puerta inmediatamente, y nos ayudó a cargar con los numerosos paquetes y bolsas hasta mi habitación

- ¿A que hora desea el señor que sirva la cena?
- Déjame solo unos minutos para arreglarme. ¿Ha llegado ya Toni?
- Si señor. Le está esperando en la biblioteca.

Mientras me aseaba volví a imaginarme a Toni en la cama con mi padre y recordé el episodio de esta mañana cuando nos habíamos convertido en amantes. Al fin y al cabo era como si Toni fuera una parte de la herencia de papá: su amante clandestino que, después de su muerte, se metía en la cama con el hijo pródigo.

Crucé la puerta de la biblioteca y me encontré de sopetón ante el cuerpo imponente de Toni que se abalanzó sobre mis labios para besarlos y succionarlos como si le fuera la vida en ello, mientras nuestros cuerpos se pegaban el uno al otro como atraídos por un imán que deseara fundirlos en uno solo.

Después del beso, acarició mi sexo sobre el pantalón, me guiñó un ojo, me susurró al oido: "voy a recuperar fuerzas para que esta noche puedas hacer conmigo todo lo que quieras" y, sin darme tiempo a reaccionar, cruzó la puerta que nos separaba del comedor donde Jonás ya estaba sirviendo la cena. Entre plato y plato, le conté a Toni mi decisión de empezar a trabajar en un par de días, a lo que respondió de manera un tanto fría con un seco "Eres tu quien debe tomar la decisión, para eso eres el jefe". No le hice caso y proseguimos la cena calladamente. Cuando Jonás salió de la habitación, después de servir el postre, noté el pie descalzo de Toni subiendo lentamente por mi pierna derecha. Me relajé, lo miré a los ojos, le tiré un beso y le dejé continuar hasta que llegó a mi entrepierna donde comenzó un lento masaje sobre mis testículos y mi pene ya erecto. Su pie recorría suavemente arriba y abajo los 19 centímetros de mi polla reposando de vez en cuando sobre mi glande que empezaba a humedecerse.

De repente, un sonoro carraspeo rompió la magia del momento y me despertó de mi placidez. Toni retiró su pie y lo metió nervioso dentro de su zapato. "¿Sirvo el café aquí mismo o desean tomarlo en el salón?" preguntó respetuoso. "No, sírvénoslo en el despacho. Toni debe ponerme al corriente de algunos asuntos empresariales", contesté mientras me ponía en pié e indicaba a mi amigo que me siguiera.

Entramos en el despacho y me senté en el sillón de papá. Despedí a Jonás y serví yo mismo dos tazas de café. Toni se puso detrás de mí y me abrazó con fuerza presionando su pene contra mi culo mientras besaba suavemente mi cuello. Dejé la cafetera sobre la mesa y me rendí a sus caricias mientras el empezaba a desabrochar mi camisa pasando sus manos por todo mi cuerpo, acariciando mis escasos bellos y refregando mis tetillas. Pude notar que Toni no usaba calzoncillos y me apreté tanto como pude a esos 18 centímetros de carne con los que había desayunado esta mañana.

Me arrancó la camisa, se puso delante de mí y mientras se arrancaba su camisa empezó a besar mis tetillas y a lamer cada parte de mi pecho. Mi polla estaba a mil cuando Toni empezó a sobarla con una mano mientras con la otra tapaba mi boca y me susurraba al oido: "¡Shitt! ¡No hagas nada, solo déjate llevar y prepárate para la mejor follada de tu vida!". Probé de acariciar sus nalgas pero me retiró la mano repitiéndome "Solo, déjate llevar!". Acto seguido se agachó y empezó a pasar su lengua caliente por encima de mi pantalón mientras una de sus manos se introducía entre mis ropas y empezaba a masajear mi trasero. Por fin desabrochó mis pantalones, los arrastró hasta el suelo junto con mi ropa interior y me arrancó los zapatos y los calcetines con movimientos muy rápidos. Me agarró por el pene, totalmente endurecido y me condujo hasta el sillón del escritorio. Me sentó en el escritorio, se dirigió a la mesita, se desnudó completamente y se puso a andar a gatas hasta regresar de nuevo a mi lado.

Aún en su postura de perrito, agacho la cabeza y empezó a lamer uno a uno los dedos de mis pies, succionándolos con voracidad y mordisqueándolos suavemente. Cuando terminó con el pie derecho empezó con el izquierdo. Yo estaba calentísimo, ese masaje podal, unido a la imagen de Toni, desnudo y en esa postura de sometido me ponía a tope. Deseaba besarlo, tocarlo, acariciarlo con todas mis fuerzas pero cada vez que intentaba hacerlo el retiraba mi mano y continuaba jugando con mis pies y empezaba a subir por mis piernas lamiéndolas como si fuera un cachorro y poniendo, a cada lengüetazo, todos mis vellos de punta. Se detuvo en mi rodilla, se puso en cuclillas y agarró mi mano, permitiéndome acariciar su cabeza mientras lamía cada uno de los dedos de mi otra mano. Finalmente se volvió a colocar a cuatro patos y con un gesto rápido engullo mi pene hasta que su barbilla chocó con mis testículos.

Acercó su mano a mi boca y fui lamiendo sus dedos uno a uno mientras él jugaba con mi polla en su boca, la sacaba, se la volvía a introducir, mordisqueaba la punta...

Continuó lamiéndome durante más de media hora y cuando ya estaba casi a punto de correrme dejó mi pene de repente. Se puso de espaldas a mí, y aún a gatas empezó a dilatar su ano con sus propios dedos empapados en saliva. Yo probé de acariciarle, de levantarme para penetrarle pero no me dejó. Se giró, se acercó de nuevo a mí y, sin sacar, tres de sus dedos en su agujero empezó a lamer de nuevo mis tetillas y a bajar por mi abdomen hasta llegar de nuevo a mi polla que se mostraba en todo su esplendor.

Se la tragó un par de veces, y continuó jugando con mis huevos, lamiéndolos, succionándolos con deleite. Hasta hacerme llegar de nuevo casi al punto de reventar. Entonces se levantó, se puso de espaldas a mí y se sentó en mi regazo introduciendo lentamente mi pene en su agujero. Su culo muy dilatado por sus masajes encajó a la perfección y en cuestión de segundos sus huevos chocaron con los míos. Nos quedamos inmóviles mientras su orificio se acostumbraba al nuevo visitante y al cabo de un par de minutos empezó a subir y a bajar sobre mi polla mientras agarraba mis manos y las iba pasando por su pecho depilado.

Al cabo de unos minutos paró su frenético sube y baja y, aun siendo penetrado fue girando su cuerpo hasta quedar cara a cara conmigo. Empezó de nuevo a follarme con fuerza mientras nos fundíamos en besos apasionados y su polla, sin tocarla, estallaba en fuertes borbotones de semen que cubrieron mi abdomen. Ávidamente empezó a lamer mi torso capturando cada gota de su semen y besándome a continuación para compartir su néctar.

De repente, algo me despertó de mi ensoñación. Me pareció escuchar un ruido cerca de la ventana, levanté la cabeza y miré hacia allí al tiempo que una sombra parecía desvanecerse en el jardín. En principio, la idea de poder ser observados por alguien me horrorizó pero enseguida me di cuenta de lo excitante de la situación y me fundí en un apasionado beso con Toni quien pareció no darse cuenta de nada. Sería una estúpida sensación mía, pensé.

Mi pene empezó a contraerse indicando la proximidad de mi eyaculación y Toni se levantó de él, volvió a ponerse de cuatro patas y de una zampada se lo introdujo todo en la boca al tiempo que mi esperma inundaba su garganta. Mi corrida, con la excitación, fue descomunal y mi semen se corrió en hilillos por la mandíbula de Toni que hacia todo lo posible por no perderse una sola gota de su postre particular. Continuó succionando mi pene hasta que éste empezó a adquirir una ligera flacidez, se separó de mí y caí rendido y satisfecho sobre el sillón. Cuando abrí los ojos Toni se estaba vistiendo lentamente. Se acercó a mí, me besó lentamente compartiendo los últimos resto de mi corrida conmigo, me susurró al oído un tierno "¡Felices sueños mi vida!" y salió de la habitación cerrando la puerta de la habitación tras de sí.

Me levanté, me serví una taza de café frío y una buena copa de brandy y me puse frente al ordenador completamente desnudo y sintiendo aún el aroma de sexo y excitación.

4ª parte: tiempo de cambios y buenos propósitos

Pasé horas delante del ordenador conectado a la Intranet de las empresas de la familia para ponerme al día de mis nuevas responsabilidades. Envié comunicados a los socios minoritarios, a los directores de las diversas delegaciones y la cúpula ejecutiva expresando mi decisión de tomar de inmediato las riendas de "mi" empresa, envié diversos comunicados y concerté diversas entrevistas con todos ellos para la semana siguiente.

Pasadas las 3 de la madrugada me fui mi habitación pero no conseguí conciliar el sueño, el pavor a no ser capaz de asumir y llevar a cabo con éxito mis nuevas responsabilidades unido al inicio de mi intensa, excitante y desconcertante relación con Toni, mantenían mi cerebro trabajando al 100% de su capacidad.

Cerca de las siete me acerqué a la ventana para tomar un poco de aire fresco y me vino a la cabeza la masturbación de Sergio, mi jardinero y chofer, que había presenciado la tarde anterior. Mis preocupaciones desaparecieron de repente y mi mente se concentró en el recuerdo de su cuerpo desnudo. El morbo de observarle de nuevo sin ser visto hizo que mi pene despertara bruscamente de su letargo y endureciera de inmediato. Llevado por estos pensamientos, busqué de nuevo, y casi de manera inconsciente, los viejos prismáticos y me coloqué cautelosamente tras la cortina. Como la noche anterior había sido muy calurosa, mi curiosidad se vió premiada con el hecho de que mi empleado tuviera la ventana totalmente abierta.

Enfoqué los prismáticos cuidadosamente y pude verle tendido sobre su cama revuelta, llevaba un tanga de color oscuro como única vestimenta y parecía placidamente dormido. Me deleité con su cuerpo mientras empezaba a masturbarme cuando de repente vi como se contraía bruscamente. Me di cuenta enseguida que se trataba de su despertador que había sonado puntualmente a las siete. Mi adonis se desperezó tendido aún en la cama y se levantó lentamente. Se acercó a la ventana y miró fijamente en mi dirección y en su rostro se dibujó una expresión entre preocupada y curiosa. A pesar de los cortinajes, temí ser descubierto y me aparté un poco de la ventana.

Se puso de espaldas y empezó a practicar unas tablas de gimnasia de mantenimiento. Al cabo de unos minutos se volvió de nuevo hacía mí. Sobre su cuerpo sudado destacaba aún más toda su masa muscular. Tomó aire durante unos segundos y, de repente, se desprendió de su tanga quedando totalmente desnudo para mi deleite. Mi pene reaccionó de nuevo y reemprendí mi sube y baja manual. Su larga melena, su pecho velludo, su pene que, incluso en reposo se veia impresionante, sus pelotas cubiertas de una espesa mata de pelo castaño... todo él era impresionante y parecía que no tenia ninguna prisa por dejarse de exhibir desnudo frente a la ventana. Mi mente calenturienta se puso a trabajar a destajo y me imaginé acariciando su pecho, besando su polla y penetrando su culo prieto. Me excité tanto que tuve que correr hasta el baño para no manchar la moqueta con mi semen que salió de nuevo a borbotones.

Me afeité, me duché, me vestí y bajé a desayunar. Toni bajó al cabo de un rato, le puse al corriente de mis acciones de la última noche y le pedí que me confirmara todas las reuniones que había concertado y que diera instrucciones para tener a punto mi oficina para la mañana siguiente.

- No te preocupes por eso –me contestó- estoy seguro de que cuando llegues al despacho lo encontrarás todo a tu gusto.

Volví al despacho y consulté e imprimí el correo electrónico. Al cabo de un rato Jonás se presentó en mi despacho y me dijo que debía hablar conmigo de un asunto importante:

- Pocos días antes de morir de su padre, le expresé su deseo de jubilarme tan pronto como fuera posible, su señor padre estuvo de acuerdo en ello y me asignó una generosa gratificación por los años prestados a su servicio y me regaló un pequeño apartamento en mi Londres natal. Sé que el señorito necesita ahora de mis servicios pero le agradecería que tuviera en cuenta mis deseos de jubilarme tan pronto como le vaya bien.

- Claro que sí Jonás, -le respondí- creo que tú más que nadie tienes derecho a una buena jubilación después de llevar todo el peso de esta casa durante más de 40 años.

- He hablado con mi sobrino Albert, es un joven muy discreto y un excelente cocinero y mayordomo, -me respondió con su pausada manera de hablar- lleva tres años viviendo en Barcelona y habla perfectamente el catalán y el castellano. Creo que él podría ocupar mi puesto si al señorito le parece bien.

- Perfectamente, como siempre confiaré en tu criterio. Me gustaría hablar con Albert tan pronto como sea posible.

- Ahora mismo le llamaré señor. Gracias por todo.

- Gracias a ti Jonás, esta casa no será la misma sin ti. Espero que seas muy feliz y que me visites a menudo. Has sido un mayordomo fiel y un excelente amigo.

Jonás salió del despacho y al cabo de media hora regresó para comunicarme que Albert llegaría a las 4 para entrevistarse conmigo y que Sergio deseba verme. Le dije que lo hiciera pasar. Sergio iba vestido con una camiseta de tirantes y un pantaloncillo de algodón muy corto que marcaban todos sus músculos. Solo con mirarle note una excitación que recorría todo mi cuerpo.

- Buenos días, Señor. Perdone mi forma de vestir pero es que estaba arreglando las flores del jardín...

- Por favor Sergio, no me llames "señor", llámame Eric, tenemos casi la misma edad. Otra cosa, no debes disculparte por llevar una ropa cómoda para tu trabajo –le contesté mientras no podía dejar de mirar su paquete majestuosamente marcando por ese short- además te queda francamente bien

Lo dije sin pensar y acto seguido me arrepentí, sentía como mis mejillas ardían de la vergüenza, Sergio pareció ignorar el comentario, se limitó a sonreírme y contestó

- Muchas gracias, señor,... perdon Eric, quería preguntarle si necesitará el coche porqué en caso contrario lo llevaría al taller para la revisión rutinaria.

- No, hoy no tengo previsto salir de casa. Pero siéntate porqué he de contarte un par de cosillas.

Se sacudió el pantalón con un gesto muy sexual que me puso a cien y se sentó frente a mí. Le comencé a contar lo de Jonás y mi próxima incorporación al mundo laboral, hablamos de sus condiciones de trabajo en la casa,... Era inútil, me veía incapaz de apartar la vista de su paquete y, de repente, sucedió algo inesperado que me excitó más aún, por uno de los costados del short vislumbré de nuevo, pero de cerca, uno de sus huevos que luchaba por liberarse de la esclavitud de esa prenda ceñida. Era hermoso, peludo, grande,...

Supe mantener la compostura, pero cuando salió de mi despacho estaba totalmente erecto y tenía un claro propósito. Ese hombre iba a ser mío.

5ª parte: un aliado enigmático y un mayordomo eficaz

Aparté de mi mente la excitación que sentía con sólo estar cerca de mi jardinero Sergio y me puse de nuevo a trabajar. Toni, mi mejor amigo y últimamente mi amante me llamó para confirmarme mis reuniones de la mañana siguiente e informarme de que mi despacho estaría listo para mi incorporación a la empresa. Me comentó unos problemillas que teníamos en Francia a raíz de la absorción por parte de mis empresas de una conocida factoría gala y le ordené que saliera para Paris de inmediato, arreglase el problema con nuestros representantes franceses y cerrara la fusión a la mañana siguiente.

- De verdad deseas eso. No te gustaría más jugar conmigo toda la noche –me contestó Toni usando un tono de voz muy sexy que provocó una gran sonrisa por mi parte y me recordó al Toni de nuestra adolescencia, capaz de desdramatizar siempre cualquier situación.

- No –contesté- deseo más lo segundo pero sabré esperar a otra noche.

- De acuerdo. Pero recuerda que para mañana te debo una apasionada sesión de sexo.

- ¿Mañana? Si hombre, que más quisieras. Vas a ser mi esclavo durante el resto de tu vida –le contesté con expresión socarrona.

- Si mi amo, estaré siempre a sus pies –contestó Toni divertido y acto seguido como hacía siempre se puso serio de repente- Perdona pero el trabajo manda. He de dejarte.

- Mantenme informado de cualquier cosa que suceda en Paris.

- De acuerdo, te quiero. Miré el reloj. Era casi mediodía y todavía tenía un montón de informes por leer antes de incorporarme a la mañana siguiente a la empresa. Olvidé mi vida privada y me concentré de nuevo en el trabajo.

Cerca de las dos, la pantalla de mi ordenador empezó a parpadear cada vez más deprisa hasta quedarse totalmente... ¡¿blanca?!. Todavía no había salido de mi asombro cuando de repente empezó a aparecer el siguiente texto:

“NO DEJES QUE TE ENGAÑEN LOS SENTIDOS; PUEDE QUE NADA NI NADIE SEAN LO QUE PARECEN. UTILIZA EL INSTINTO DE LOS SUGRANYES Y DESCUBRIRÁS TODOS LOS ENIGMAS.

POR LA MEMORIA DE TU PADRE, AFRONTA TU DESTINO HASTA LAS ÚLTIMAS CONSECUENCIAS SIN PREOCUPARTE DE LOS PELIGROS; YO SIEMPRE ESTARÉ A TU LADO VIGILANDO QUE NADA GRAVE TE SUCEDA.

TU ALIADO QUE TE QUIERE.-)”.

El texto permaneció en pantalla por escasos segundos y, de inmediato y sin darme tiempo a reaccionar, se desvaneció devolviendo mi ordenador a su estado normal. Cuando reaccioné del azoramiento inicial mi mente estaba llena de interrogantes. ¿Que significaba ese mensaje tan enigmático? ¿Quién era ese hacker que rompía impunemente los estrictos -y por lo visto “no infalibles”- filtros de seguridad de la red informática de la empresa para gastarme esa broma con un contenido tan enigmático? ¿O acaso no era una broma? ¿Qué significaba ese misterioso “nada ni nadie son lo que parecen? Realmente... ¿que sabía yo –que acababa de regresar de mi periplo sabático por el mundo- de las personas que tenía al frente de mi empresa? ¿Que enigmas debía desvelar? ¿Qué peligros me acechaban?. Mi cabeza estaba a punto de estallar cuando de pronto creí oír un ruido cerca de la ventana. Me giré de repente y, tras las cortinas, volví a ver de nuevo la sombra que la noche anterior espiaba mi sesión de sexo con Toni. Me levanté de repente y me acerqué a la ventana tan rápidamente como pude. Abrí las cortinas y, como si fuera un fantasma, la sombra se había desvanecido y no había nadie en el jardín. ¿Pero que me estaba pasando? Me estaba convirtiendo en un paranoico por culpa de un hacker que seguramente era un maldito bromista. Me senté en el sillón e intenté tranquilizarme. Creo que estuve incluso medio adormecido durante unos minutos. Me despejé de repente y decidí retomar mi trabajo haciendo caso omiso a todas las simplezas de ese pretendidamente “aliado que me quería”. Conseguí concentrarme en tan solo unos minutos y olvidé todo lo sucedido. Cerca de las cuatro, Jonás llamó a la puerta.

- Señor, mi sobrino Albert ya esta aquí.

- Hazle pasar, por favor Salió de la habitación y regresó al cabo de unos segundos seguido de un chicarrón mulato de casi 2 metros de altura.

- Señor le presento a mi sobrino Albert. Es el hijo de mi hermana Edna –me dijo y viendo mi estupefacción y sin perder su flema inglesa, me aclaró- Recuerda a mi hermana y a su esposo guineano.

- Por supuesto Jonás –respondí intentando disimular mi asombro. Déjanos solos, por favor y no me pases ninguna llamada si no es de Tony.

Salió de la habitación lentamente y aproveché esos segundos de silencio para estudiar al que iba a ser mi nuevo mayordomo. No debía tener mas de 22 o 23 años, apenas un par de años más joven que Toni y yo, llevaba el pelo muy corto, sus ojos eran oscuros y su mirada inquisitiva –seguramente el me estaba estudiando a mí como yo lo hacía con él- su boca era exageradamente grande y estaba rodeada de una barba de candado que le daba un aire entre serio y desenfadado. Sus facciones eran muy suaves y su rostro era bellísimo, como el de un querubín renacentista. Su complexión era fuerte aunque una incipiente barriguita denotaba que no era un fanático de embellecer su cuerpo. Su pantalón de lino se pegaba a sus piernas robustas llevaba una camisa de seda sobre el pantalón que impedía que se notara lo que más admiro de las personas de su raza: el immenso paquete que suelen alojar en su zona púbica. De repente Albert rompió la frialdad de ese momento.

- Ejem, señor. Si le interesa puedo mostrarle mi currículo y ponerle al corriente de mis referencias.

- No será necesario Albert. Siempre he confiado en el buen criterio de Jonás y me basta con su recomendación para darte a ti el trabajo. Supongo que no te supone ningún problema trasladarte a vivir aquí.

- No señor, en absoluto.

- Perfecto. Ocuparás el pequeño apartamento de tu tío en la planta baja. Es una especie de estudio con dos habitaciones, una salita y un pequeño comedor. Puedes instalarte en él y llevar a tu pareja si la tienes.

- No tengo pareja, por lo menos de momento señor, pero creo que llegados a este punto debe saber algo de mí que mi tío no le ha contado: Verá señor: soy gay, nunca lo he ocultado a nadie y creo que es mi deber comunicárselo. Espero que mis preferencias sexuales no representen ningún problema para usted.

- En absoluto Albert –y de repente tuve un arrojo de sinceridad y decidí que ya era hora confesarle yo algo también- Como vas a trabajar para mi creo que es lícito que yo también me sincere contigo aunque confío en tu discreción más absoluta. En la casa vive mi gerente Toni, somos amigos y amantes y es una condición que, dentro de mi propia casa pienso vivir con total naturalidad.

De repente reinó un silencio molesto. Incluso yo mismo me había sorprendido de mi repentina salida del armario. Albert, muy inglés, rompió la tensión.

- Lo comprendo perfectamente señor y le garantizo que puede contar con mi más absoluta discreción. Nada de lo que suceda en su vida personal saldrá nunca de las paredes de esta mansión

- Bien pues, aclarado esto, retomemos la conversación. Supongo que Jonás ya te ha puesto al corriente de tus obligaciones. No sé si conoces a Sergio, él será tu compañero de trabajo en la casa.

- Mi tío acaba de presentármelo es un joven realmente atractivo, señor.

Solo con pensar de nuevo en Sergio volví a notar como mi pene se revolvía bajo mis calzoncillos deseoso de alcanzar de nuevo una erección. Traté de no pensar en él y de concentrarme en la entrevista con mi interlocutor pero me encontré con una mirada acechante e inquisitiva por parte de Albert. Era evidente que el chico se había dado cuenta de mi turbación.

- Lo comprendo, señor –me dijo- Cuando me he encontrado frente a Sergio he tenido la misma sensación que usted experimenta. De hecho, y si el señor me permite expresarme con sinceridad, aún me dura la excitación de verle con esos pantaloncillos marcando todo sus atributos.

Me sorprendió su franqueza pero aún me sorprendió más ver su cara de deseo y como acariciaba discretamente su paquete delante de mí. La situación entre ambos me estaba poniendo muy caliente y la imagen de Sergio fue sustituida en mi mente por la de ese efebo de color que tenía sentado delante de mí. Mi admiración por los hombres de color y por sus excelentes artes amatorias pudo más que mi profesionalidad y deseé poseer a Albert. Él adivinó mis intenciones, se levantó, acarició descaradamente su paquete delante de mi y me espetó un flemático:

- Si el señor me lo permite voy a comenzar a servirle ahora mismo Entendí rápidamente sus intenciones y accedí sin mediar palabras abriéndome de piernas y dejándole el camino libre hacia mi sexo.

Albert interpretó mi consentimiento y se arrodilló ante mis piernas abiertas. El sólo hecho de tener a ese pedazo de muleto de 2 metros rendido a mis pies hizo que mi pene luchara de nuevo por romper las capas de ropa que lo envolvían y llegar a su máximo esplendor.

Albert comenzó a acariciar mi entrepierna por encima de la ropa, resiguiendo con sus dedos largos y ágiles cada rincón de la misma. De repente se paró en mi zona genital y masajeó con cuidado mis testículos. Al cabo de unos segundos subió hasta mi aparato e inició también un pequeño masaje.

Le dije que parara si no quería hacerme estallar tan pronto y se levantó y empezó a desnudarse delante de mí. Su pecho era lampiño y, pese a la pequeña barriguita, su musculatura se marcaba perfectamente sobre el abdomen. Se dio la vuelta y se sacó de un golpe los pantalones y el slip dejándome al descubierto y a unos escasos 30 cm de la cara su culo prieto. Aún de espaldas me miró y de una manera muy teatral, dijo:

- Y como puede comprobar, no todos los tópicos sobre las personas de color son siempre ciertos.

Se giró completamente y pude admirar su sexo. Su aparato no debía medir más de 14 o 15 cm pero nunca había visto ninguno tan gordo y coronado por unas bolas de un tamaño considerable. Mientras él se desnudaba yo ya me había liberado de la ropa de cintura para abajo. Albert se arrodilló de nuevo frente a mí y se introdujo lentamente mi pene en la boca. La calidez de su cavidad bucal me excitó aún más y enseguida agarré su cabeza y le introduje de golpe mis 19 cm. Me estaba proporcionando una de las mejores mamadas de mi vida: la sacaba totalmente, me propinaba besos y pequeños mordiscos de lo más excitantes y volvía a introducírsela de nuevo hasta que sentía su pequeña barba rozando mis huevos. Cuando estuve de nuevo a punto de correrme se separó de mi, se volteó y me pidió que le penetrara de golpe sin lubricación previa. Yo, deseoso de acabar lo hice sin vacilar y de una rápida estocada. Albert lanzó un grito de dolor que, poco a poco a poco y mientras iniciaba mi frenético mete y saca se fue convirtiendo en sonoros gemidos de placer. Agarré su pene y empecé a masturbarle con el mismo vaivén con que proseguía las cogidas. En pocos minutos y mientras empezaba a descargar mi carga de semen en su ano, noté las palpitaciones de su polla y sentí su semen gotear entre mis dedos. Caí sobre el sillón precipitando en mi caída a Albert que quedó sentado en mi regazo todavía ensartado en mi pene. Acerqué mis dedos con restos de su semen a sus labios y los lamió con avidez. Estuvimos unos minutos en esta postura hasta que mi pene llegó finalmente a su estado de reposo. Albert se levantó y dio una última mamada a mi polla limpiando mis restos de semen. Se vistió rápidamente y salió de la habitación. A los pocos minutos regresó con una bayeta, limpió las manchas de semen del suelo y ordenó el despacho. Yo aún estaba desnudo de cintura para abajo sentado en el sillón y recuperando fuerzas tras la brutal cogida. Me levanté lentamente, me vestí y volví a sentarme en el sillón del escritorio. Él guardó las cosas de limpieza y volvió al despacho sentándose delante de mí.

Como si nada hubiera pasado reprendimos la conversación sobre sus nuevas obligaciones y condiciones laborales y quedamos en que a la mañana siguiente él mismo visitaría a mis asesores y firmaría el contrato para empezar a trabajar en la casa de inmediato.

Nos dimos un apretón de manos y salió del despacho deseándome un feliz día mientras yo volvía de nuevo al trabajo. A los pocos minutos entró Jonás interesándose por la impresión que me había causado su sobrino.

- Una gran impresión, Jonás. Creo su trabajo aquí será excelente.

6ª parte: la incorporación

Esa noche dormí muy poco. Las nuevas obligaciones de mi vida con mi precipitada incorporación al frente de los negocios familiares y ese misterioso mensaje anónimo firmado por ese intrigante “Un aliado que te quiere” no dejaban de dar vueltas por mi cabeza. Además, aunque no quería admitirlo, echaba de menos a Toni, mi compañero y amante (y anterior amante de mi padre) que estaba de viaje de negocios en Paris. Me había acostumbrado a sus caricias y a nuestros jueguecitos sexuales nocturnos.

A las 7 y media Jonás, el mayordomo, llamó a la puerta de mi habitación como le había pedido la noche anterior. Una vez dentro de mi habitación abrió las cortinas y tosió discretamente cuando se percató que estaba totalmente destapado mostrando mi cuerpo completamente desnudo y mi habitual erección matutina.

Se dirigió a mi estudio y depositó sobre la mesa los principales periódicos locales y nacionales. Se volvió hacía mí, contempló de nuevo mi desnudez y me dijo:

- ¿Le sirvo el desayuno en su estudio?

- Si Jonás, por favor –le dije mientras mi levantaba y me dirigía al baño-. Pero que sea algo muy ligero, no tengo demasiado apetito.

Cuando salí del baño perfectamente duchado, afeitado y con mi melena recogida en una coleta, Jonás regresaba con el desayuno que, al contrario de lo que le había pedido, era más bien copioso. Ante mi cara de sorpresa el lacayo contestó:

- Lo siento señor pero, como le decía cuando era usted pequeño, el desayuno es una comida fundamental y más hoy teniendo en cuenta que empieza usted a trabajar.

- Jonás, Jonás –le dije abrazándolo como cuando era un chaval- que voy a hacer a partir de ahora sin ti.

- Seguro que mi sobrino Albert le cuidará tan bien o mejor que un servidor, señor –contestó sin perder la compostura aunque en su entonación paternalista se reflejava su estimación hacia mi y su agradecimiento por esa muestra espontánea de afecto.

- Espero que así sea –dije excitándome con el recuerdo del encuentro que tuve la tarde anterior con Albert, el bellísimo mulato que a partir de la semana siguiente iba a ser mi nuevo mayordomo.

Jonás se zafó de mi abrazo cuando se percató de mi nueva erección bajo el albornoz y me sirvió el zumo de naranja diciéndome:

- Todos los periódicos recogen su incorporación a la empresa e incluso los de información económica lo sacan en portada junto a su foto.

Me dispuse a desayunar y repasar la prensa diaria. Mi nombre aparecía destacado en todos los periódicos, acompañado de tediosas descripciones de mi currículo y mis aficiones, la larga lista de empresas que me pertenecían o de las que participaba y declaraciones de personalidades del mundo económico que me animaban a continuar el excelente modelo de gestión llevado a cabo hasta la fecha por mi difunto padre. Parecía que la noticia había sido bien acogida en todos los círculos e incluso las acciones de mi empresa habian experimentado una ligera subida al cierre de la sesión bursátil anterior.

Acabé de desayunar con optimismo y me zampé todo lo que Jonás había preparado con un apetito renovado.

Me vestí con un traje italiano negro, una camisa de seda tostada, corbata a juego y unos elegantes zapatos color camel, cogí el maletín, el teléfono móvil y el portátil y bajé al hall donde me esperaba Sergio, mi chofer y jardinero.

Me sorprendí gratamente al mirarle. Estaba guapísimo con un traje informal de color claro y una camisa marrón casi transparente -que marcaba a la perfección su cuerpo musculoso- tirada sobre el pantalón. Parecía profundamente emocionado y algo confuso.

- Permítame decirle que está usted impresionante, señor. Es usted el vivo retrato de su señor padre.-me dijo mientras unas pequeñas lágrimas recorrían sus mejillas.

- Gracias Sergio -le dije tendiéndole mi pañuelo para que secara sus mejillas-. Pero, por favor, llámame Eric y olvida ese trato tan formal y anticuado.

- Como quieras Eric. Perdona. –me dijo mientras me devolvía el pañuelo. Tengo el coche preparado para salir.

El viaje hasta el centro transcurrió con normalidad pese al espeso tráfico de Barcelona a esas horas de la mañana. Toni me llamó desde el avión para informarme de que había solucionado el asunto de los franceses y que en un par de horas estaría en el despacho. Sergio, por su parte, no dejaba de contemplarme con cara compungida por el espejo retrovisor. Supuse que recordaba las numerosas veces que había echo este mismo trayecto acompañando a mi padre y me cautivó la profunda estimación que parecía haber sentido hacia mi progenitor.

Cuando finalmente llegamos al edificio de la empresa, me abrió la puerta, me abrazó y me despidió con un sonoro y sorprendente cachetazo en el culo.

Se volvió a meter dentro del auto y se perdió entre el tráfico dejándome totalmente descolocado pero muy seguro de mi mismo.

La entrada al edificio y la ascensión hasta mi oficina fue una sucesión de saludos a diestra y siniestra, de murmullos y de comentarios a media voz de secretarias y empleados varios. Parecía que todos se habían puesto de acuerdo en querer conocer y saludar personalmente a su nuevo jefe; y yo, instruido en esto de las relaciones públicas y de las relaciones laborales desbordé mi carácter más agradable y encantador, saludando, sonriendo, apretando manos y lanzando sonrisas de complicidad a todos cuantos se cruzaban en mi camino.

Finalmente, y tras más de tres cuartos de hora, llegué a la zona de dirección, antes de empujar la puerta, me aislé por unos segundos del mundo real, respiré hondo y entré decidido a triunfar a mi nueva vida laboral.

Mi decisión casi se vino abajo y la sorpresa se apoderó de mi, la sala anterior al despacho, antiguamente ocupada por las secretarias de dirección y asistentes, todas según mis recuerdos del género femenino, se había convertido en una especie de harén de hermosos machos con cuerpos esculturales en el que de repente, y por el hecho de mi presencia, se hizo un silencio sepulcral. Uno de los más guapos -un mocetón de tez morena, 1,90 de altura, rasgos amables y complexión atlética- se acercó a mí desde la mesa que franqueaba el acceso al despacho interior y me tendió su mano. La estreché de manera enérgica y sentí la agradable sensación de calidez y suavidad de su piel mientras él, muy respetuoso, me decía:

- Buenos días, señor Sugrañes, me llamo Aleix, soy el secretario de dirección y su asistente personal. Permítame que le presente a su nuevo equipo de asistentes y personal administrativo.

Lo siguiente fue conocer a Joan -un tipo atlético de casi dos metros, tez muy bronceada y unos impresionantes ojos azules que reflejaban un carácter apacible y franco y una gran inteligencia-, Andrei -una especie de escultura de 1,80 de nacionalidad ruso-española, casi albino, de cara aniñada y con un cuerpo que envidiaría cualquier modelo-, Ángel, -de 1,90m, ojos verdes que invitaban a reflejarte en ellos, cabeza rapada, totalmente imberbe y una delgadez impresionante-, Aisha -un ejemplo de belleza árabe, con facciones muy marcadas y de complexión robusta y cuerpo muy fibroso pese a su baja estatura-, Txema –un mocetón del norte de la península con cara sonrosada, una tupida mata de pelo de color rojizo que cubría su cabeza, sus brazos e incluso la parte superior de sus manos y casi 2 metros de altura- y Sean –un norteamericano de rasgos mestizos, su semblante tosco estaba realzado por una larga, oscura y sedosa melena; vestía una fina camisa con transparencias que semiolcutaba un cuerpo fibroso y muy musculazo.

Después de saludarlos, y hacer los posibles para contener mis emociones, entré a mi despacho diciendo a Aleix que en breve empezaríamos con la tanda de reuniones con todos ellos. El despacho estaba en penumbras y cuando me dirigía a abrir las cortinas oí la voz de Toni desde la oscuridad:

- ¿Te ha gustado mi primera sorpresa? Piensa que además de ser los más guapos son los mejores profesionales del planeta.

- ¡Eres un jodido cabronazo! pero hay que reconocer que, en cuanto a hombres, tienes también el mejor gusto del planeta –le espeté.

- Pues vamos por la segunda, tu y yo tenemos algo pendiente -me respondió al tiempo que todas las luces se encendían de repente.

Me volví hacía él y lo contemplé en todo su esplendor sentado en mi silla, totalmente desnudo y con su pene inhiesto dirigido hacía mí. Me acerqué y empecé a besarle y a acariciar su sexo como si no hubiera nada más importante en el mundo que nuestros impulsos juveniles. De repente se separó de mí, se levantó y cogió el interfono:

- Aleix, por favor le agradecería que entrara con nuestro maletín especial al despacho del señor Sugrañes.

- Con muchísimo gusto, señor Marín –contestó la voz de mi empleado al otro lado del aparato.

Me quedé perplejo y sin reaccionar mientras Aleix entraba en el despacho llevando con maletín de piel. Mi estupefacción aumentó cuando se dirigió sin mostrar ningún asombro hacía el cuerpo desnudo de Toni y le dijó con total naturalidad:

- Estoy a su total disposición, señor Marín.

- Quiero que nuestro jefe, descubra tus referencias más ocultas Aleix.-le contestó Toni-. Demuéstranos todo lo que sabes hacer de modo extra-profesional.

- De acuerdo, señor. –contestó el otro sin inmutarse.

Y sin mediar palabra, y de un golpe seco, Aleix dejó caer su pantalón azul mostrándonos un tanga negro que, a duras penas, escondía un paquete de tamaño considerable. Acto seguido, se arrodilló frente a Toni tragándose con avidez su pene erecto. Lo engulló lentamente hasta que su nariz rozó los testículos mientras Toni me miraba con cara de despreocupación y, muy socarronamente me espetaba:

- ¿Piensas participar en tu propia fiesta de bienvenida o eres uno de esos que disfrutan mirando como otros practican sexo?

continuará…

7ª parte: las habilidades de Toni

El hecho de que Aleix y Toni se mostraran tan desinhibidos provocó en mí el efecto contrario. Ante su provocación me corté inesperadamente y me quedé inmóvil e hipnotizado contemplando la escena que me ofrecían esos dos fabulosos ejemplares de hombre. Aleix demostraba tener unas tragaderas impresionantes y un hambre de pene casi insaciable; los 18 cm. de Toni aparecían y desaparecían a toda velocidad siendo succionados con deleite por la boca ansiosa de mi nuevo secretario de dirección. Mi amante mientras tanto se balanceaba hacia delante y hacía atrás follando literalmente la cavidad bucal de Aleix mientras su cara, habitualmente con un semblante frío e inexpresivo dibujaba esa expresión de placer que tan íntimamente había conocido en los últimos días.

Tras una discreta indicación de Toni, Aleix se levantó, abandonó su nabo inhiesto y se acercó hacía mí caminando muy despacio, moviéndose de una manera casi felina. De repente paró y empezó a acariciar todo su cuerpo subiendo lentamente su camisa y mostrándome su tanga negro que ya se demostraba insuficiente para ocultar un paquete de dimensiones considerables y por cuyos laterales escapaban unos testículos de tonalidad muy oscura coronados por un abundante entresijo de vello de un color negro muy brillante.

De repente, y de una manera muy teatral empezó a desabrocharla y apareció un pecho discretamente musculazo y muy fibroso cubierto de una cascada de vello que caía por su esternón y desaparecía en el interior de su tanga. Con cada botón desabrochado daba un nuevo paso hacía mí y cuando nos separaban menos de dos metros arrojó la prenda bruscamente y quedó ante mí semidesnudo mientras acariciaba y pellizcaba lentamente sus tetillas negruzcas con una mano e introducía la otra en el interior del tanga propinándose un acelerado masaje circular.

Toni se acercó a él, pegó su sexo desnudo a su culo e introdujo su mano derecha dentro del minúsculo tanga sacando al exterior un glande rosado, circundado y de un diámetro considerable que empezó a masajear con la yema de sus dedos mientras unas gotas de líquido preseminal afloraban tímidamente por el impresionante agujero del prepucio de Aleix.

Mi subordinado se despojó lentamente de su tanga dejando al descubierto un impresionante pene de, por lo menos, 23 cm. de largo por 7 ò 8 de diámetro y unos grandes testículos que hacían honor al tamaño del mismo que Toni empezó a acariciar y estirar apasionadamente y como si tuviera una necesidad imperiosa de arrancarlos del cuerpo de Aleix, a la vez que masajeaba su pene que empezó a arrojar gran cantidad de precum.

Mi pene estaba de nuevo en su máximo esplendor y mis testículos completamente endurecidos pugnaban por salir de entre mis ropas y participar en los juegos amorosos que me ofrecían esos excelentes ejemplares de macho. Como si hubiese leído mis pensamientos, Aleix se acercó a mí y me despojó en cuestión de segundos de la chaqueta y de la corbata mientras, demostrando una gran habilidad desabrochando los botones de mi camisa con su boca mientras iba lamiendo lentamente cada centímetro erógeno de mi piel que iba quedando al descubierto: mi cuello, la parte posterior de mis orejas, mis tetillas…

De repente, me despojó de la camisa, al tiempo que hacía un gesto a Toni que se calzó un preservativo, se acercó a él por detrás y de una estocada lo penetró hasta que sus cuerpos quedaron unidos como si fueran uno sólo y empezó a lamer mis axilas perfectamente depiladas mientras emitía pequeños chillidos de placer causados por la brutal cogida que le estaba propinando mi subdirector general, amigo y amante. Ante lo ocupados que estaban ambos, el uno lamiéndome de la manera más sensual en lo que lo habían hecho en toda mi vida y el otro disfrutando de su penetración, yo mismo me despojé de la ropa que me quedaba mientras Aleix, siempre dispuesto, se tragaba de una sola vez mis 19 centímetros y acariciaba con su nariz mis testículos -otalmente hinchados por la excitación de este tan inesperado escarceo sexual- y se masturbaba al mismo tiempo.

Al cabo de unos minutos, eyaculaos los tres casi al unísono, primero Toni que se despojó de su preservativo y se corrió sobre la espalda encorvada de Aleix, éste sobre la moqueta y yo en la boca de éste mientras el primero lamía su propio semen y, a la vez, los cachetes y la espalda del segundo.

Me senté en el suelo y ellos cayeron sobre mí casi por inercia. Descansamos unos minutos los tres mientras disfrutábamos de nuestra propia desnudez y de nuestras caricias y lamidas.

En pocos minutos los tres estábamos de nuevo empalmados y dispuestos a iniciar un nuevo “rendez-vous”. De repente, Toni se puso a gatas y nos hizo un gesto para que cualquiera de los dos tomara de nuevo la iniciativa. Aleix se levantó y empezó a lamer con verdadera devoción el orificio de éste dejando también su culo en pompa.

Mi lengua y mis dedos parecieron tener vida propia y, en cuestión de segundos, se comenzaron a penetrar el ano de Aleix que, pese a que ya estaba suficientemente dilatado por la cogida de Toni, iba abriendo primero dos, después tres y hasta cuatro de mis dedos.

De repente, Aleix se levantó e introdujo su pene de una estocada, como media hora antes había hecho Toni con él. Éste lanzó un grito desesperado de dolor ante la violenta embestida pero enseguida sus alaridos de dolor se convirtieron en suspiros de placer. Yo hice lo mismo con mi secretario de dirección y substituí mis dedos por mi pene que fue acogido sin ninguna expresión de dolor por su ya dilatadísimo ano

Después de varios minutos de en esta posición, Toni nos sorprendió con una inesperada proposición:

- Quiero que me folléis los dos a la vez.

- Estás seguro de eso? –preguntamos Aleix y yo a la vez-

- Sí, quiero sentir mi culo completamente lleno, como una peli que ví el otro día en Paris.

- De acuerdo –le dije- lo haremos con cuidado y si no puedes soportar el dolor lo dejamos, ¿vale?

- Tranquilo, te sorprenderás de mi capacidad anal –me susurró al oido- No es mi primera vez,...en una ocasión con tu padre…

- ¿Con papá?

- Es igual te lo cuento otro día… Por favor hazlo.

Me llenó una especie de rabia (o de celos por todo lo que había compartido con papá), me acosté al lado de Aleix, buscamos una postura que nos permitiera juntar nuestros penes y a una indicación mía los dos penetramos su culo sin ninguna compasión. De repente, ejercí mi posición de jefe y decidí hacerme dueño de la situación.

Acomodamos nuestros penes en el ano de Toni mientras éste emitía un sonoro gemido de dolor. Aleix oprimió mi brazo como indicándome que me relajara y lo penetráramos más despacio pero mi empeciñamiento y mi mirada severa lo convencieron de que lo mejor era ponerse de mi parte en esta guerra sexual y continuamos penetrando a Toni con una gran brusquedad.

El culo de Toni se acostumbró en cuestión de segundos a la brutalidad de sus dos visitantes y los alaridos de dolor de Toni se convirtieron en sonoros gritos y espasmos de placer mientras el majestuoso pene de Aleix seguía el ritmo bestial con que el mío violaba –o casi- el ano de mi amigo.

A los pocos minutos y ante la proximidad de nuestra corrida, un servidor y Aleix, ante mis i ndicaciones, obligamos a Toni a darse la vuelta y a lamer nuestros penes, en un primer momento pasando del uno al otro, hasta que al final, y ante nuestra inminente corrida, los acogió los dos a la vez en su boca y tragó nuestras corridas con una gran expresión de pacer y relamiéndose los labios después para no perderse ni un hilillo de nuestro semen al tiempo que su polla estallaba en una gran corrida sobre su pecho de Aleix que Toni lamió vorazmente.

Acto seguido, y llevado por una furia inexplicable, entré al baño, me duché y salí apremiándolos a que se vistieran y volvieran a sus trabajos con la máxima celeridad.

Toni no pareció extrañarse de mi mal humor y, mientras Aleix se aseaba, se vestiá y volvía rápidamente a su lugar de trabajo, recogió toda nuestra ropa, me fue pasando mis prendas e incluso arregló el nudo de mi corbata antes de entrar al baño y salir a los pocos minutos regalándome un apasionado beso que apaciguó mi furia y me llevó de nuevo a una erección:

- S



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