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EL MAGNIFICO SEÑOR 355...

EL MAGNIFICO SEÑOR 355 Historias placenteras Original de ANALBO

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Esa mañana, en el principal diario de la ciudad Capital de la Republica, en el rubro 59, un aviso rompió todos los parámetros. Aquellos que buscan permanentemente en la enorme cantidad de avisos sexuales, publicitados por bellas Ninfas, ofreciendo sus servicios a distintos precios, de acuerdo a las posibilidades del cliente resultaron desarmados, sin palabras. Esta asombrosa realidad, daba por el piso con los ofrecimientos sexuales de las chicas, que tuvieron una baja en los pedidos de turnos de casi el 50%. ¿Tenia algo que ver uno con el otro? Y, sí…. Y mucho, sino lean el CLASIFICADO:

"355 milímetros por 72, para tu gozo mujer NECESITADA. Solamente casadas. No importa la edad. ABSOLUTA RESERVA. Cuatro turnos por día de dos horas. 150 dólares la hora. No voy a domicilio. Gay abstenerse. Pedir fecha y hora al teléfono 00/329-7890. Para púberes precios especiales. ÚNICO AVISO". Una PUBLICACIÓN así, primero fue tomada a risa, pensando en la broma de algún chistoso. Los pedidos bloquearon la línea. Hubo más llamados de curiosos que solicitud de turnos. Hasta los medios enviaron movileros cuando obtuvieron el domicilio de tamaña oferta. Radios, canales de TV y diarios. Un mundo de periodistas frente a una hermosa y antigua casona a casi cien metros de la artística entrada de hierro fundido, rodeada de un ENORME parque arbolado, en esa vecindad de casas quintas y residenciales de fin de semana. - Hola. Sí, ese es el número… pero a CABALLEROS no damos informes… Solamente a damas… No molestar por favor, porque estamos trabajando…Disculpe que interrumpa la comunicación.

Era una mujer la que atendía los llamados con mucha corrección y colgó el auricular…

Los medios ayudaron al portentoso, publicando su teléfono y dirección tantas veces, que le llovían pedidos hasta del exterior. Los periodistas quería fotografiar al Magnifico. Iban a hacer cualquier cosa con tal de lograrlo. Pidieron entrevistas ofreciendo buena paga. Nada, el Magnifico no aceptó. Solamente podían verlo las mujeres casadas y las púberes, con turno y el bono que acreditaba el pago.

Todo ese gran movimiento, trajo sus consecuencias. El Magnifico Portentoso, debió cambiar el sistema ante los comentarios de las pacientes: - ¡¡ Hola!!... ¡sí, hable usted con tranquilidad!... ¡ Reserva absoluta… - Claro usted está muy tranquila, señora… pero puede que algunos inescrupulosos esperen nuestra llegada y nos fotografíen…Soy de clase muy pudiente, pero oculta, que sufre la escasez de sexo, no por eso dejo de ser una honorable mujer… yo quiero reserva del turno, pero busquen la forma que los encuentros no se hagan allí…. El lugar es muy conocido… ¡por favor vuelvo a llamar en dos días… - y así se sucedieron varias otras llamadas que preocupaban la buena marcha del negocio. Cuando la agenda del Magnifico estuvo cubierta en casi todo un mes, con más o menos 100 entrevistas, unas 200 horas de sexo vigoroso, pues los sábados y domingos, no daba turnos, los reservaba para eventos especiales, para su propio goce, recibiendo a las púberes, su manjar preferidos.

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El Magnifico decidió cambiar de morada y mientras él recibía su primera cita en otro lugar, el periodismo continuaba merodeando la bella casona del Barrio Residencial.

PRIMERA JORNADA
Sonó el timbre de entrada al piso 22 de la Avenida del Libertador. Una mujer, adustamente vestida, abrió la puerta. Una joven señora. Bella adulta, tratando de esconder su rostro detrás de grandes y oscuros anteojos, abonó trescientos dólares. Tenía el turno reservado anticipadamente por teléfono. La secretaria privada del Magnifico, le entregó una cartilla lujosamente diagramada con las instrucciones. Lo que asombró a la paciente fue la delicadeza del cuadernillo y la limpieza del texto, que usaba un glosario con mucha ética, a pesar del verdadero motivo de su visita a tan suntuoso y lujurioso sitio. Un extraño aroma la invadió, acompañada de una música muy especial y relajante, además de las luces que invitaban a no perder un minuto, para la iniciación. Las paredes de colores claros, vestidas con cuadros modernos, sin alusiones al sexo. Un lugar digno de un lechado de virtudes. Las instrucciones indicaban: Puerta "A", duchas; "B", masajes y "C", el paraíso. La dama entró al primero, donde la aguardaban dos mujeres, con vestimentas orientales, una especie de Geisha, con una tina "Yacuzi" lleno de burbujas con aguas en movimientos que golpearían su blanca piel, como manos de ángeles acariciándola. Mientras una de las Geisha, la ayudaba a quitarse la ropa, la otra con un toallón de seda cubría sus espaldas. Un vaho, vapores de perfumes sensuales, excitantes, iban despertando como un afrodisíaco extrañas sensaciones nunca percibidas en su cuerpo. Una vez desnuda, ambas mujeres le colocaron un gorro para que no se le moje el cabello y una telita transparente que cubría su vista. Ella podía ver a través de la misma, pero nadie podía ver sus ojos, a menos que lo permitiera. Así eran las reglas. Se hundió en un mar de espumas y sales, que sabían a glorificación de lo desconocido. Estaba en un mundo inexplorado por ella. Era el Podio del deleite, la complacencia, la pasión, el goce delicioso, la satisfacción carnal. Era el principio de la invasión de extravagantes deseos que abrieron sus libidinosos pensamientos. La lujuria la invadía. Un intemperante e inmoderado sentimiento de entrega la invadió, convirtiéndola en una voraz hembra con apetitos insatisfechos. Una vez finalizada la primera sesión pasó a masajes, donde otro ambiente de maravillas, con otros olores, como efluvios que la penetraban y la exaltaban íntimamente, Entre las dos Geishas la ayudaron a recostarse sobre una camilla muy especial, se sintió trasladada, rumbo a un mundo desconocido. Jamás había tenido convulsiones tan profundas, nunca algo semejante, tan delicioso, había hecho estremecerla tan profundamente, hasta que, casi avergonzada, no pudo contener su primer orgasmo en manos tan delicadas. Las manos de ambas mujeres la llevaron a dormitarse de tal manera que se complacía solamente con eso, ya estaba en el paraíso.

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A su vez, había un formulario, que solamente contenía una pregunta: ¿Servicio completo? Y la Paciente había respondido: únicamente sexo.

Salida de los vahos del Yacuzi, y el relajamiento de la sensual sesión de masajes, la mujer, envuelta en el Toallón de seda transparente, penetró extasiada en el amplio salón, "El Paraíso". Las luces tenues, producto de velas de colores que despedían emanaciones que la convertían en una irrefrenable y lujuriosa hembra dispuesta a hacer lo impensable. Un ambiente condicionado para tal evento terminó de exaltar sus deseos, penetrando en un nuevo y desconocido mundo, donde lo sicalíptico le había hecho perder los deberes de una madre de familia. Un suave humo de inciensos paradisíacos, acompañado por una música que la invitaba a una bacanal y desmedida tarde de placer. Cerró sus ojos. Sus músculos se contrajeron y cuando quiso reaccionar, se encontraba en el centro de un círculo acolchonado, que desde abajo iba elevándose. Era el lecho del placer. Se dejó caer lentamente, ebria, fogosa, ardiente casi chocando la furia de sentirse tomada, maltratada gozando hasta el éxtasis. Una voz melosa, dulce y sin agresiones de palabras groseras, le dio la bienvenida a la dama que le había tocado en suerte haber sacado el primer turno, en la tarde inaugural en el Paraíso de los Placeres:

Sea usted bienvenida, bella dama al Paraíso de los placeres… estoy a su disposición. Sus deseos son órdenes para mí… cuando usted disponga podrá verme, no así mis ojos, como yo no veré los suyos, ese ha sido su deseo. Apoye su brazo sobre la almohada, y entonces estaré con usted… - Los perfectos brazos de la bella dama accionaron la llave del cielo, y como en un sueño, apareció la figura del Magnifico Portentoso, envuelto en un tul negro y con delantalillo que le cubría sus pudendas partes. Sus ojos cubiertos con el mismo material que ella. Podían verse. Observarse. Solamente los ojos permanecían ocultos. Ella temblaba. Él se sonrió.
¿Miedo?...
¡No!... Vergüenza…
¿Primera vez?...
Si… Jamás pude hacerlo… - y se quebró. Giró sobre sí y se abrazó al Magnifico. Este no se atrevió a acariciarla. No estaba en sus requerimientos. Ella tomo la iniciativa, acariciando su pecho… - ¿Puedo?... ¡Sin fronteras… sus deseos son órdenes reitero!
¿Acepta usted mis caricias?... – Tomó la suave mano del hombre y la llevó lentamente hacia sus senos.

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El paraíso del Placer, ha quedado inaugurado con la entrada victoriosa de la primera adulta al edén que segrega esencias eróticas en todos sus ambientes. Desde el Portal de baños con enormes cargas de lujuria, al Claustro de deliciosos masajes en manos de expertas Geishas, cuya peculiaridad es el amasamientos de las zonas apetitosas más erotizados de la estructura física femeninas, únicamente por ellas conocidas y desde allí al Atrio de la delectación, la satisfacción, y Delicias del gozo maravilloso en las virtuosas ofertas de los órganos sexuales del Magnifico, que con solamente pensarlo vuelve intemperante e inmoderada la libidinosidad de la hembra cuya vulva HUMEDECIDA expele feromonas, cuyas emanaciones envuelve el ambiente, excitando la sensualidad del macho en oferta y el furor uterino de la compradora. Ella tiembla. Él sonríe:
¿Miedo?...
¡No!... Vergüenza…
¿Primera vez?... Si… Jamás pude hacerlo… - y se quebró. Giró sobre sí y se abrazó al Magnifico. Este no se atrevió a acariciarla. No estaba en sus requerimientos. Ella tomó la iniciativa, acariciando los oscuros vellos de los pectorales masculinos…

> ¿Puedo?...
Sin fronteras… sus deseos son órdenes – reiteró - ¿Acepta usted mis caricias?... –Ella, tomó la suave mano del hombre y la llevó lentamente hacia sus senos. Él, quedó inmóvil. Sintió el endurecimiento de los pezones y la respiración agitada de su paciente. Se atrevió y movió lentamente sus largos dedos sobre la blanca y ardiente piel de la mujer, que se convulsionó como una adolescente y mordió con sus uñas sin filos, las carnes hirvientes y velludas del Portentoso, que intentaba ignorar la situación, pensando en todo el trabajo que le restaba aún hasta el final de las tres sesiones comprometidas para ese día.

¡¡Ahhhhgggg!!... – gimió regodeándose en un delirio que magnificaba su extrema estrechez y necesidades sexuales -… ¡Por favor!!... ¡No soporto más ésta tortura!...- suplicó la incontenible sensualidad de esa mujer derritiéndose en el fango de la íntima deshonra. La suave imploración de la dama denotando avidez, ansias… un sibaritismo inconsolable, que tras un segundo y avergonzado orgasmo subió sus labios hacia los del Magnifico, quien giró su cabeza negándose a besarla. Ese movimiento exasperó un salvajismo refinado de la hembra en celo, que corrió su mano izquierda hacia la pelvis masculina donde tropezó con un monumental tótem. Se detuvo. Asombrada, subió el tul que cubría sus grandes ojos verdes y miró maravillada al macho inmóvil. Él, le sonrió casi con crueldad, entablándose entre ambos un encarnizado y salvaje friccionamiento con tal impiedad, que sus labios y dientes mordieron la boca negada, hasta sangrarla…

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El Portentoso, no soportó la implorante mirada de esos ojos. El rostro de la dama se merecía por su belleza y juventud escondida tras una piel magistralmente trabajada por sus Geishas, la devolución de su mirada, permitiéndole levantar su antifaz, enfrentándose sus ojos negros con los verdes de mar bravío de ella, que volvió a suplicar:

- ¡Por favor, señor!… no me haga usted avergonzar… - lujuria, obscena, impúdica, licenciosa, libertina, nada le importaba. Su incontinencia desenfrenada lubricó al máximo sus cavidades sexuales, al punto de sentir sus esfínteres clamar una piadosa penetración, cosa que jamás había hecho y a su útero morderse a sí mismo. El Magnífico, con sus piernas llevó las sábanas hacia un costado. Desató la cortinilla que cubría su bien más preciado. Su enorme méntula se parecía al Faro del Fin del Mundo, con el brilloso y morado Glande expuesto a lo que ella decidiera. Con suavidad la quitó de su imparable fricción de su vulva sobre su rodilla izquierda e hizo que observara. Ya con mirada viciosa la mujer comprobó que la oferta en el rubro 59, era una realidad…

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Agazapada como una gata, hundiendo sus dedos en las carnes duras y musculosas del Magnifico, impúdica e inmoral la mujer se arrastró, hasta que tomó con ambas manos el enorme miembro deseado enfáticamente, mientras remolcaba su sexo sobre el estómago masculino dejando un sendero de secreción vaginal. Sintió por primera vez esos dedos de hierro que la tomaban de las caderas levantando su bello trasero. Ella, mientras, no quería abandonar el más grande falo jamás tocado y aprisionado entre sus manos, intentando bajar el prepucio de semejante príapo, para dejar al descubierto una calva y olorosa cabezota de tal órgano genital que comenzaba a erupcionar las primeras gotas seminales. Los labios carnosos, al rojo vivo, gemían por engullir esa virilidad, mientras sus orgasmos se reprodujeron en ristras, cuando la lengua, enorme, gruesa y adhesiva de él, jugueteó con su ano virgen logrando la perfecta lubrificación, al tiempo que un suave y empapado dedo en crema, se introdujo sutilmente en el punto negro de la sierva del placer, que al sentir cómo se abría paso un segundo y extraño objeto, separó sus labios al máximo, segundos que aprovechó el Portentoso para empujar su pelvis hacia arriba e introducir su increíble pene en tan pequeña boca, la que esforzó demasiado ya que un hilito de sangre comenzó a correr por sus comisuras. Tanto fuego solamente pudo ser apagado por gruesas descargas de esperma que inundó la desacostumbrada cavidad bucal de la mujer que en su apasionado degustar de tan rico manjar, le faltó aire, quedando semi asfixiada, atragantada por tan espeso líquido.

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Enredados en la cama, él sacó su mástil de esa pequeña cavidad, la que al tomar aire, aspiró profundamente tosiendo luego de sendas arcadas, quedando extenuada abrazada a semejante monumento al placer, que tal como lo anuncio del periódico, la enorme medida era una realidad. Se recostó sobre la alfombra renegrida del pubis masculino como no queriendo abandonarlo por nunca jamás y sollozando imploró:

- ¡ Por favor… la necesito toda, toda… no me niegue el placer de aplacar el inmenso río de fuego que corre dentro de mí… -una suave música, acompañada por una voz casi celestial, por lo suave, interrumpió el ruego de la hembra que lloraba lágrimas de pasión: - ¡su turno está finalizando en 15 minutos, por favor a las duchas!… - ¡¡Nooo… todavía no!! …- imploró -… necesito una hora más… - ¡Es mi hora de descanso!... – musitó el Magnifico, mientras la tomaba de las piernas y la alzó hacía él hasta tener su boca en los labios de la vagina que manaba excelente aromas ardientes, introdujo su boca y le besó sus belfos, mordiéndolos con suavidad, luego penetró su lengua descargando un torrente de líquidos espesos que gustoso saboreó, mientras ella imploraba convulsionada totalmente: - ¡Por favor… una hora y pago por dos!…- volvió a contorsionarse desenfrenadamente, como queriendo golpear al hombre que le estaba negando el principio de un placer no recibido…

- ¡Marita!…- alzó la voz el magnifico - … ya ha escuchado a la paciente, agregue las próximas dos horas como ocupado… abonará al retirarse… - volvió a la vida la Ardiente y ya casi pervertida dama. Denota un ardor desenfrenado, sintiéndose ya esclava del Portentoso. Girando en el lecho busca la boca del hombre y le absorbe sus propios líquidos. Dando comienzo así una encarnizada lucha entre ambas lenguas. Era una guerra sin cuartel. El Magnifico, no podía hacer lo que estaba haciendo, de tal exigencia, podía llegar a no cumplir con otros compromisos. Pero la dama, además de ser limpia y de buena salud, lo había enardecido convirtiéndolo en un licencioso libertino. Al sentirla al borde de la humillación, no quiso aceptarlo. No soportaba que la mujer se rebaje a tanto y entonces entró a acariciarla y a hablarle, hasta sacarla del estado de apetencias sin frenos. Notó que ella de pronto reaccionó como saliendo de una alucinación, tras el deslumbramiento que él le produjo por seducción, despertando desde sus profundidades un irrefrenable apetito genésico que la obnubiló convirtiéndola en una cautiva del sexo hasta morir. Se tranquilizó y habló… habló mucho, tal vez sin pensar en lo que decía pero expresaba en sus palabras un profundo dolor: La insatisfacción. El Magnifico, intentó comprender, ella se dio cuenta. Lo cree imposible. Ella volvió sobre el tema:

- ¡Señor, si quiere saber mi verdad… usted tiene la llave para llegar a ella… - se abrió de piernas y dejó penetrar los gruesos dedos encremados del hombre. Pero él noto algo extraño. La vagina no se dilataba. Agregó un tercer dedo y ella gimió de placer. Él sintió un enorme orgasmo y otro pedido suplicante con los ojos cerrados:

-¡Por favor… penétreme! No tenga compasión… si grito o me desmayo, continúe… ¡¡Por favor, señor… por favor!!... – Él mojó con crema su enorme falo y cubrió la entrada ardiente de la dama. Colocó la cabeza misílica de su verga en la puerta que latía como si fuera a explotar. Empujó suavemente. No estaba autorizado a proseguir. Ella gimió - … ¡Por favor, no se detenga!…. ¡¡Asiiii… así... más, por favor… sin compasión…¡Toda mi vida esperándolo!... – un profundo suspiro. Mordió sus labios y lo último que se le escuchó fue un desgarrador gemido y sus uñas penetrando las carnes de esa musculosa espaldas que entró a sangrar -… ¡¡¡Ahhhhgggg!!!... – aflojó su cuerpo desvaneciéndose, el hombre ducho en su placentero trabajo, de inmediato tomó una pequeña botellita y la destapó debajo de sus fosas nasales, cuyos vahos, la volvieron en sí con una sonrisa angelical que demostraba una inmensa felicidad. El Magnifico, sin sacar de esa estrecha profundidad su elemento. Continuó con un "pone y saca" lento y con fuerza. Los gestos de la dama, motivaron al macho acelerar lentamente el ritmo hasta que ella gritó un - …¡¡ Maaaassss!!... – él, notó que la hembra se relajó, en ese instante todo el cuerpo, sus músculos se ablandaron, cerró los ojos jadeante, había partido hacia el Paraíso entre largos suspiros fatigosos y un contenido llanto, que jamás había visto en tantas mujeres que pasaron por él. Sintió el camino liberado. Su miembro había logrado penetrar una cuarta parte. Se sintió exaltado, pocas veces había entrado en semejante clímax, e impiadosamente arremetió como nunca, es que él estaba entrando en plena convulsión, cuyo arrebato lo llevó en segundos a tal sobreexcitación, que le abrió las puertas de la glorificación en una eyaculación que no quiso detener. Al golpear ambas pelvis sintió que había llegado al útero de la mujer que acababa de de demostrarle que era una ninfómana incipiente. Por primera vez él, que era el encargado de dar placer, gozaba más que quien le había pagado para ello. El monumento Fálico, estuvo descargando torrentes de esperma durante interminables minutos, manteniendo su erección dentro de la hembra, aprisionado por sus piernas. Un susurro de la dama, muy dulce y agradecida, le llegó a lo más profundo de sus sentimientos:

- ¡Señor!… ¡Gracias, usted me ha desflorado!… ¡El hombre que fue mi esposo, en doce años de casada no ha consumado el matrimonio!…¡¡ Hace tres días el Juez declaró la nulidad del mismo!!... – esa voz sonó a un canto de ángeles. El Magnifico se retiró, dejando a la mujer en el tálamo nupcial, bañada en sangre, con una rictus de tristeza en su boca. Mirando la cámara oculta sobre el lecho, dijo por lo bajo con la voz estrangulada:

- ¡Marita…ahora que se retira la paciente, no le cobre y además desvuélvale lo que ha abonado! ¡ venga para higienizarla!… - y se retiró a su toilet privado…

FINAL DE LA PRIMERA JORNADA DE "EL MAGNIFICO




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