Sexo en la playa Linea erotica
 
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Fantasias (1.2 El Mejor Amigo de mi Amo)

Cualquier duda, sugerencia o comentario pueden escribirme a leopoldo_relatos80@yahoo.com.mx y yo con gusto les responderé, además disfruto mucho recibir mails de mis lectores. Ojalá disfruten el segundo capítulo de esta larga serie de fantasías.

I Después de clases volví a mi casa para recordar todo lo que había vivido y me masturbé tan sólo de pensar en lo ocurrido. En mi mente volví a sentir el sudor de mi amo pasando a través de mi garganta, su pene taladrando mi culo, mi total sumisión y aceptación ser un esclavo suyo. Me masturbé un par de veces teniendo esto en mente. Además tenía un encargo, que era el de limpiar la tanga que estaba impregnada de mi semen. Aquella noche no tuve más que sueños húmedos que estaban muy lejos de lo que estaba por suceder.

Al día siguiente de nuestro primer encuentro sexual nos volvimos a encontrar en el mismo salón, sin dirigirnos la palabra. Sólo me dio un papel en el que me avisaba que en el recreo iba a conocer a otro hombre. Un amigo suyo, pero no me dio el nombre. Conforme pasaban las clases mi excitación iba aumentando, al punto que cuando tocó la campana para el recreo y todos salieron del salón, me abalancé sobre mi macho para esperar nuevas órdenes. Estaba tan preocupado por complacerlo que no noté que detrás de mi esperaba el amigo de Santiago. Xavier. Era alto y delgado. Ligeramente atlético y con el pelo relamido para atrás. El uniforme normal de la escuela era de traje y corbata, no importaba que marca, color o calidad siempre y cuando hubiera una corbata y un saco. Al mejor amigo de mi amo le quedaba entallado al cuepro.

“Así que este es tu esclavo”, dijo Xavier.
“Sí, apenas lo recluté ayer y no sabes como baila.”
“A ver, muéstrame como lo haces.”
“Quítate la ropa para quedar solamente en tanga y dale un baile a mi amigo”, las órdenes de amo eran la ley y tuve que obedecerlas. Me fui quitando la ropa hasta que sólo un pedazo de tela cubría una porción mínima de mi cuerpo.

Coloqué mis manos sobre sus hombros y empecé a bailar. Mi cuerpo se restregaba contra el suyo.

Hubo un momento, en medio de la excitación, que él me tomó de los brazos y me llevó hasta su boca para probar sus labios de tabaco. Mientras Santiago nos veía desde su banca, quitándose la ropa para masturbarse desnudo.

“¿Quieres probar mi cuerpo?”, me preguntó Xavier.
“Sí, te deseo. Quítate la ropa para ver tu pecho.”
Me dio una cachetada.
“Puta golosa. Quítamela tú si eso quieres.”

Resbale mis manos por su pecho para empujar su saco y dejarlo caer. La corbata salió ante el delicado toque de mis manos para evitar su molestia. Los botones de la camisa salieron naturalmente y en cuento el pedazo de tela blanca quedó libre de su cuerpo poseedor pude observar un pecho nuevo. Como dije, atlético y, a diferencia de Santiago Mijares, era lampiño. No esperé las órdenes, sólo dejé que mis instintos animales tomaran control de mi cuerpo y me abalancé sobre él para besar sus pectorales, mordisqueándolos a veces. Xavier empezó a gemir casi en susurros.

“Más abajo, dale más abajo”, dijo deteniendo sus gemidos por unos momentos.

Le quité el cinturón y al desabotonar el pantalón este cayó casi de inmediato mostrándome una verga de 20 cm., pero mucho más delgada que la de mi amo. “No me gusta usar ropa interior porque limita mi hombría. Como hombre que soy vas a complacerme dándome una buena mamada.”

“Mientras yo te recuerdo quién es tu amo y te parto el culo por ser una puta golosa”, oí la voz de Santiago detrás de mí.

Con mucho dolor me arrancó la tanga, partiéndola de una de los lados. Entonces sentí su lengua entrando y relajando mi culo. Cuando el juzgó que estaba listo me tomó por las nalgas y me atrajo hasta él para penetrarme. No pude evitar el gemido provocado por el dolor.

“Te dije que mamaras y eso vas a hacer. No quiero volver a oír tus gemidos de puta”, dijo Xavier atrayendo mi cabeza hacia su delicioso pene. Estaba siendo folllado por la boca y por el culo y lo estaba disfrutando. Los dos jadeaban por perros en celo, gozando del placer que mi cuerpo les provocaba a través de su excitación enferma, mientras yo sentía dolor y placer al mismo tiempo. Estuvimos en esta posición durante varios minutos hasta que los dos se corrieron casi al mismo tiempo.

“¿Quieres cambiar y sentir este culo apretadito, mientras me limpia la verga de su cagada?”, sugirió mi amo.
“Por supuesto, quiero probar todo lo que tu esclavo pueda ofrecer.”
“Date la vuelta”, ordenó Santiago. “Sí, amo”, obedecía.
Limpié el pene de mi amo mientas que Xavier aprovechaba mi ano dilatado para penetrarme. No duró mucho tiempo pues se corrió en mi interior muy rápido.
Había durado más en mi boca y Santiago más en mi culo. Poco después el también soltó trallazos de su leche en mi lengua. Extrañaba ese sabor. Lo volvía a desear.

Cuando terminó este encuentro sexual volvía a pararme frente a Xavier para esperar sus órdenes. Lo miré con deseo y él me devolvió la mirada. No pudimos resistir más este sentimiento y nos besamos. Santiago también quería estar en el juego y pronto nos estábamos besando los tres.

“Tengo tantas ganas dejarte aquí desnudo para que todos vean lo golfa que eres”, sugirió Xavier.
Santiago le dio una cacheteada.
“Y que todos se enteren de nuestro pequeño club sexual. Ni siquiera lo pienses.”
“Está bien. Fue estúpido pensarlo.”
Luego se dirigió a mí. “Vístenos”. Recogí los bóxers de Santiago y se los puse (puesto que ya se aclaró que así le gusta estar, pero los vestí a los dos). Lo mismo con los calcetines, los pantalones, la camisa, el saco y por último la corbata. Los zapatos se los pusieron ellos.

“Ya que no tienes tanga y necesitamos que nuestra autoridad esté en ti así que esto es lo que vamos a hacer. Xavier, en cuclillas y mama su pene.”

Él mejor amigo de mi amo sonrió ante las órdenes y se inclinó para engullir mi verga. En cuanto empecé a gemir fui silenciado por un beso de Santiago. Me corrí.

“Escúpelo en su pecho.”
Así lo hizo. Santiago volvió a dar órdenes.
“Escúpelo en su pecho. No puedes lavártelo hasta que te de una nueva tanga hoy en la tarde.”
“Está bien, amo, entonces me voy a vestir.”
“No”, intervino Xavier, “yo lo haré. Me has complacido y me caes bien.”

No estoy muy seguro que a Santiago Mijares le haya gustado esto, pero igual lo permitió. Me dejé vestir y acepté un beso. Luego vino una cachetada.

“Ni pienses que esto te sube mi nivel o me rebaja al tuyo. Simplemente has ganado un poco de respeto”, aclaró Xavier.
“Sí”
“Sí, ¿qué?”, dijo Santiago.
“Sí, amos.”
“Perfecto”, dijeron los dos al mismo tiempo con una sonrisa malévola dibujada en sus labios.

El timbre de la escuela marcó el fin del recreo, y todos regresamos a nuestros lugares del salón como si nada hubiera pasado. Sin embargo este no eral fin sino el principio de algo inexplicable. Lo que no pude saber en ese entonces es que alguien no observó todo ese tiempo. ¿Qué haría para evitar que el secreto saliera a la luz?

II
En la tarde de aquel día tocaron a la puerta de mi casa. En cuanto abrí me encontré con un Santiago Mijares que regresaba de su entrenamiento de la selección de fútbol de la escuela. En la mano llevaba una tanga negra.
“Toma, y úsala mañana porque vas a conocer a otro de mis amigos. Quizás el más exigente de todos.”
“Sí, amo.”
“A veces me molesta tanto tu entrega total. ¿Por qué no puedes ser como todos mis otros esclavos?”
“¿Hay otros?”
“Los hubo hace ya mucho tiempo.”
“¿Quiénes son?”
“Ellos ya pasaron a mejor vida. Espero que algún te pase lo mismo a ti.”
Tragué. Sudé frío. ¿Era este un plan para violarme y matarme? Santiago se dio la media vuelta y caminó por la calle, alejándose de mi casa. ¿Quién sería ese nuevo amigo?



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