Tu mujer quiere probar una polla más grande que la tuya Cornudo
Te gusta ver gozar a tu mujer. Te pone muy cachondo verla completamente perdida de placer, con la cara desencajada, los ojos en blanco y la boca entreabierta soltando gemidos roncos, mientras le meten una polla mucho más grande que la tuya. Sobre todo por el culo. Ya te da igual lo que piensen los demás. Eres un cornudo y eso es exactamente lo que te excita hasta ponerte la polla dura como una piedra.
Al principio no lo admitías ni siquiera tú. Pero con el tiempo has acabado aborreciendo follarte a tu mujer. Ya no te pone igual. Ella, en cambio, está hambrienta de nuevas experiencias. Quiere sentir algo que de verdad la llene, que la abra y la haga gritar como nunca. Y si a ti no te importa, hay una cola de hombres esperando su turno para empotrarla como se merece. Hombres con pollas gruesas, largas y pesadas que van a darle lo que tú nunca podrás.
Son cuernos consentidos. La vida repartió las cartas así: a unos les tocó una polla más grande y a otros no. Tu mujer no tiene por qué quedarse con la duda. Quiere saber de verdad qué se siente cuando te la meten hasta el fondo, hasta tocarle la barriga, abriéndole el culo sin piedad.
Imagínate la escena. Estás sentado en la silla del rincón de la habitación, como siempre. Las luces bajas, el aire cargado de olor a sexo y lubricante. Tu mujer está en la cama a cuatro patas, completamente desnuda, con el culo en pompa y ya bien lubricado, brillando bajo la luz tenue. Entra él. Es más alto, más fuerte. Saca su verga gruesa y tu mujer suelta un gemido gutural solo de verla.
“Mírala, cariño. Es el doble de grande que la tuya”, te dice ella mirándote con una sonrisa pervertida, la voz ya entrecortada de excitación. “¿Estás listo para verme disfrutar?”
Él no espera. Le pone la punta gruesa contra el culo y empieza a empujar. Sientes el olor más intenso del lubricante mezclado con el aroma caliente de su excitación. Poco a poco al principio, pero pronto va más profundo. Tu mujer gime más fuerte, agarra las sábanas con fuerza y empuja hacia atrás pidiendo más, el sudor ya le brilla en la espalda.
“Más adentro… métemela toda”, suplica ella jadeando, la voz ronca y desesperada. “Quiero sentirla hasta la garganta.”
Tú miras hipnotizado cómo esa polla gruesa y venosa le desaparece entre las nalgas, cómo su culo se abre más de lo que nunca se abrió contigo, estirándose al límite. El sonido húmedo y obsceno de la carne chocando llena la habitación. Ella tiembla entera, chorrea por los muslos dejando un reguero brillante en las sábanas y grita de placer con cada embestida profunda. Sus tetas pesadas se balancean con fuerza, golpeándose entre sí, mientras él la folla cada vez más duro, agarrándola firmemente de las caderas con las manos grandes.
“Dime cómo te sientes”, le preguntas tú con la voz entrecortada, casi sin aliento.
“Está mucho más grande… me está rompiendo el culo y me encanta”, responde ella entre gemidos ahogados. “Esto es lo que necesitaba. Fóllame más fuerte, hazme tuya delante de él.”
Él acelera el ritmo. Le da pollazos salvajes, profundos, hasta el fondo. El sonido de sus huevos golpeando contra ella resuena fuerte. Tu mujer se corre como nunca, gritando, convulsionando, empapando las sábanas con sus jugos mientras su culo se contrae alrededor de esa verga enorme. Y tú ahí, sentado, con la polla dura en la mano, el corazón latiéndote con fuerza, disfrutando cada segundo de ser el cornudo que ve a su mujer siendo follada como una puta.
Ella está ansiosa por probar una polla bastante más grande que la tuya. Y tú vas a verlo todo. Vas a escucharla gritar, gemir y suplicar de una forma que jamás hizo contigo. Vas a ver cómo se le escapa la baba de la boca, cómo le tiemblan las piernas y cómo su cuerpo se entrega por completo mientras se corre una y otra vez.
Llama ahora mismo. Pregunta por mí. Soy la mujer que puede hacer realidad esta fantasía con tu pareja o, si prefieres, puedo ser yo quien te cuente con todo detalle cómo me follarían delante de ti. Estoy aquí, mojada solo de pensarlo.
A qué esperas. Coge el teléfono y marca. Tu mujer quiere probarla y tú quieres verlo. Te estoy esperando.
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