Viejas calenturientas – Abuelas hambrientas de sexo

Abuelas y Ancianas, Maduras

Nunca imaginé que una abuela pudiera ponerme tan cachondo… hasta que conocí a Remedios.

Marcas el número casi sin pensarlo y, al tercer tono, te responde una voz anciana, suave, un poco temblorosa, pero cargada de un deseo que parece no tener edad:

—Ay, mi niño… por fin alguien me llama. Soy Remedios, 66 años recién cumplidos y con un fuego entre las piernas que no se apaga ni con agua fría.

Desde el primer segundo te das cuenta de que esta no es una abuela cualquiera. Remedios habla con total sinceridad y sin ningún pudor. Te cuenta que se pasa los días sola en su piso, viendo la tele o haciendo la compra, pero que su cabeza está en otra cosa: en pollas duras, en lenguas jóvenes y en correrse como cuando tenía veinte años… pero con mucha más hambre.

«Aunque mi cuerpo ya esté viejo, el vicio sigue más vivo que nunca. Me miro al espejo y veo estas tetas caídas, este culo blando y arrugado, este chocho peludo y colgante… y aun así me mojo como una perra cuando pienso en un muchacho como tú.»

Te describe cómo se toca por las tardes, sentada en su sillón, con la falda subida y las bragas bajadas hasta los tobillos. Cómo se mete los dedos torcidos por la artritis en su coño viejo y arrugado, imaginando que eres tú quien la está abriendo. Cómo suspira y gime bajito para que los vecinos no la oigan, pero cada vez le cuesta más controlarse.

«Necesito que me hagan sentir deseada otra vez, corazón. Quiero que me levantes estas tetas caídas y me las chupes con ganas. Quiero que me abras las piernas, que me mires el chocho viejo y que me lo comas como si fuera el manjar más rico del mundo. Méteme la lengua bien adentro, chúpame ese clítoris hinchado aunque esté arrugadito… hazme temblar como una niña.»

Remedios se va excitando conforme habla. Su voz se entrecorta y se vuelve más ronca:

«Y después… ay, después quiero agarrarte esa pollita dura con mis manos arrugadas. Quiero quitármela la dentadura despacito, mirarte a los ojos y metérmela en la boca sin dientes. Solo encías suaves, calientes y babosas envolviéndote entero. Te la voy a chupar lento, profundo, como si fuera la última polla que voy a probar en mi vida. Quiero babearte los huevos, lamerte todo y succionarte hasta que me des toda tu leche caliente. Quiero que me corras en la boca, en la cara, encima de estas tetas flácidas… donde te dé la gana.»

Te confiesa que sus amigas son unas viejas aburridas que solo hablan de médicos y de los nietos. Ella, en cambio, solo piensa en sexo. Quiere que le den por el culo aunque le duela un poco después, quiere que le metan los dedos mientras le comen el coño, quiere sentir una polla joven abriéndola y follándola sin piedad.

«Luego tengo que ir a hacer la compra… pero ahora mismo no tengo ninguna gana. Lo único que quiero es que me follen, que me usen, que me llenen de semen. No sé cuántos años me quedan, mi niño… pero pienso disfrutarlos a tope. Y el sexo es lo que más me gusta en esta vida.»

Hay muchas abuelas como Remedios esperando: ancianas de 70, 75 y 80 años, unas delgadas y otras gorditas, todas con el mismo vicio insaciable. Todas se quitan la dentadura para hacerte la mamada más suave y húmeda que hayas probado nunca. Todas te suplican que las hagas sentir vivas otra vez mientras te llaman “mi niño”, “mi semental” o “mi pollón”.

Si te excita este morbo tan prohibido y delicioso, solo tienes que llamar y pedir abuelas cachondas o viejas calenturientas. Te pondrán con Remedios o con cualquiera de nuestras ancianas más hambrientas y viciosas.

¿Estás preparado para apagar el fuego de una abuela que no puede vivir sin polla?

Precio maximo 1.21 €/Min. RF y 1.57 €/Min. RM, IVA incluida. Mayores de 18 años. Sinergyne SL

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